El acuerdo de Doha no se cumple. Ni las tropas de Estados Unidos se retiran en los plazos previstos, ni ha arrancado el diálogo entre afganos tal y como fijaba el documento firmado en Catar. Las conversaciones ni siquiera se han iniciado porque Gobierno de Kabul y talibanes no llegan a un acuerdo para el intercambio de presos. El portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, Javid Faisal, insistió en «los talibanes tendrán que dejar de matar afganos y dar garantías de que los liberados no volverán a la guerra». Los insurgentes, por su parte, han reanudado los ataques contras las fuerzas de seguridad e insisten en que, según lo acordado en Doha, las autoridades de Kabul deben poner en libertad a 5.000 presos antes de comenzar el diálogo y sin condiciones previas.
Estados Unidos no esperó a que se aclarara la situación política para poner en marcha la retirada de sus hombres. El plan pactado entre Washington y los talibanes, que recoge la retirada de los primeros 5.400 hombres, del total de 14.000 que tiene desplegados, en 135 días y de todas las tropas internacionales en catorce meses, se inició el 10 de marzo y los primeros soldados abandonaron bases en las provincias de Helmand y Herat. Era el principio del final de una guerra de 19 años en la que han sufrido 2.400 bajas y que ahora el coronavirus ha conseguido retrasar.