¿Cuál es la situación real del virus en México? Oficialmente las cifras de afectados son bajas, con solo una muerte hasta ayer, pero las redes sociales mexicanas arden por el pánico, y es obvio que los afectados se cuentan ya por decenas de miles en las grandes ciudades. La vida sigue aparentemente normal, salvo que los colegios privados han cerrado sus puertas. El presidente se niega a cerrar los públicos, a tomar medidas sobre el movimiento de personas que puedan perjudicar a la economía, y se limita a señalar el camino de los centros de salud estatales. Es decir, de los hospitales temidos por todo mexicano capaz de ahorrar un centenar de euros al mes para pagarse un seguro privado, porque en condiciones normales una clínica o ambulatorio públicos en México son –por su falta de medios y de higiene– una fuente casi segura de contagio.
Amlo vive feliz e indocumentado en el Palacio Nacional, residencia de Hernán Cortés y de los últimos virreyes, y donde también vivió Moctezuma, el último gobernante azteca, a quien trata de emular. Amlo no viaja ni recibe visitas de jefes de Estado extranjeros. Nada de riesgos ni molestias innecesarias a su edad. Pero sus ministros le rinden cuenta exacta de las cifras, y él hace los cálculos. En 2009 gobernaba Felipe Calderón, un presidente conservador, que posiblemente salvó muchas vidas con sus medidas de excepción por la gripe porcina. ¿Cuánto perdió México aquel año? Un 5,1 por ciento de su PIB. «¡No manches!», parece haber respondido Amlo.
