Hubo un tiempo, hace más de 100 millones de años, en que volar no era más que un experimento. No había pájaros modernos surcando los cielos, ni tampoco murciélagos. Pero había, eso sí, pequeños dinosaurios cubiertos de plumas que ensayaban soluciones distintas: alas en los brazos, plumas largas en las patas, colas convertidas en superficies aerodinámicas… La evolución probaba distintas posibilidades. Durante más de un siglo, la ciencia ha dado por sentado que el vuelo de las aves fue un ‘invento’ evolutivo único. Una chispa que saltó una sola vez en el intrincado árbol de la vida y que después fue heredada genéticamente por los pájaros que hoy cruzan nuestros cielos . Pero resulta que la naturaleza, al parecer, no… Ver Más