Mongolia: los últimos hombres libres

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Tauekel se toca el hombro mientras rememora aquel día en el que tuvo que tomar la decisión de liberar a su águila, convencido de que nunca más podría volver a cazar. Explica, de paso, que es mejor soltarlas en verano, época en la que los valles están a rebosar de orondas marmotas, presas fáciles, comida que hará que la rapaz no piense en volver a la casa de cazador. También cuenta mientras tomamos té que, tiempo después, acompañó a un amigo y ese día su águila atrapó un zorro, un hecho que para Tauekel supuso una señal inequívoca de que algún día podría volver a cabalgar con una en su brazo. Así que, como tantas otras veces en su vida,… Ver Más