Puede que no lo parezca, pero la superficie sólida de la Tierra, el suelo que pisamos, se deforma continuamente. Y lo hace a través de un mecanismo geofísico en el que la corteza, que es más elástica de lo que pensamos, reacciona y cede bajo fuerzas enormes para luego ‘rebotar’ y recuperarse cuando dichas cargas desaparecen. Hoy en día, los científicos son capaces de medir con exactitud esa deformación gracias a las precisas redes mundiales de estaciones del Sistema Global de Navegación por Satélite (GNSS). En la pasada década de los 90 ya se descubrió que esa deformación constante no es uniforme, sino que las regiones polares tienden a aumentar más rápido mientras que las áreas más próximas al ecuador… Ver Más