Los dos dirigentes se reunieron de forma bilateral por última vez, en Sochi precisamente, en febrero del año pasado para tratar de resolver los numerosos asuntos pendientes en las relaciones entre sus respectivos países, sobre todo lo relativo al tránsito del gas y el precio del petróleo. No lo consiguieron. En el Gobierno ruso se levantaron voces exigiendo que se deje de subsidiar la economía bielorrusa.
Durante la campaña de las presidenciales, en las que todo indica que la ganadora fue Svetlana Tijanóvskaya, exiliada actualmente en Lituania, aunque el fraude cometido dio como ganador a Lukashenko, éste tuvo palabras muy gruesas contra Moscú y las relaciones estuvieron en la cuerda floja. Hasta que estalló la revuelta en las calles de Minsk y otras ciudades bielorrusas y Lukashenko tuvo que echarse una vez más en los brazos de Putin.
En las conversaciones de hoy en Sochi, según el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, se hablará de energía, defensa, contra no se sabe bien qué amenazas, asociación estratégica y situación internacional. El politólogo bielorruso, Dmitri Bolkúnets, sostiene que Lukashenko pedirá más créditos a Rusia.
Tijanóvskaya reconoció esta semana que en la oposición «parece que hemos perdido por ahora». En una entrevista al periódico suizo ‘Le Temps’ dijo que la gente no está ya en las calles. «Lukashenko tiene las armas y el poder (…) nuestra estrategia es organizarnos mejor, hacer una presión constante sobre el régimen hasta que la gente esté preparada para tomar de nuevo las calles, quizás en primavera», afirmó.
