Apenas diez minutos antes, a las 21:38, el módulo de descenso se había separado con éxito de la etapa de crucero, que le llevó acoplado a su «panza» durante un viaje de casi siete meses y 470 millones de km a través del espacio. Pero ahora está solo y depende únicamente de sí mismo. Cualquier orden enviada desde la Tierra, en efecto, tardaría 11 minutos en llegar hasta él, mucho más de lo que dura la maniobra completa de aterrizaje.
Ha pasado un minuto desde la entrada en la atmósfera y las cosas se ponen al rojo vivo. La fricción ha generado un intenso calor y ahora el módulo, con el rover Perseverance y el mini helicóptero Ingenuity en su interior, tiene que soportar temperaturas de hasta 1.300 grados centígrados, casi en el límite de resistencia del escudo térmico que encara el descenso y evita que su valiosa carga se incinere en un instante. La fricción atmosférica, sin embargo, apora algo positivo: ha frenado la nave, que ahora cae «solo» a unos 1.600 km/h.
Aún así, la velocidad es excesiva. Para reducirla aún más será necesario desplegar un gran paracaídas, y el momento exacto para hacerlo será decidido por un nuevo sistema automático, Range Trigger, que calcula en tiempo real la distancia al suelo, que en estos momentos es de unos 12 km. Finalmente el paracaídas se abre, a velocidad supersónica, tres minutos más tarde, a las 21:52. Pasan otros 20 segundos y es hora de librarse del escudo térmico de la parte inferior de la nave, que ya ha cumplido su función.
La tapa protectora se desprende y el Perseverance, con el helicóptero Ingenuity acoplado a su vientre, queda expuesto por primera vez al aire de Marte. Ahora el rover puede utilizar su propio radar para determinar la distancia exacta a la que se encuentra el suelo en cada momento, y también utilizar su novedosa tecnología de navegación para estudiar el terreno y seleccionar un lugar seguro para su aterrizaje dentro del cráter Jézero, de 48 km de diámetro y cerca del ecuador del planeta.
Dos minutos después (son las 21:54), se desprende también la parte trasera del módulo, junto con el paracaídas al que va enganchada, maniobra que deja al aire la etapa de descenso, equipada con cuatro pares de retrocohetes y que terminará de frenar la nave llevándola hasta el punto de aterrizaje elegido por ella misma. Mientras lo hace, llevará a cabo también la llamada «maniobra de grúa aérea», que consiste en descolgar el rover, sujeto por correas de nailon, hasta la superficie.
Son las 21:55 y el Perseverance toca, por fin, el suelo. Las correas se desprenden automáticamente y la etapa de descenso se eleva y vuela para ir a caer a varios km de distancia. Es el momento de enviar los datos de telemetría al control de misión.
De pronto, sucede. Son las 21:56 y la sala de control estalla en aplausos, silbidos y gritos de júbilo. Risas y lágrimas se mezclan en una algarabía que libera toda la la tensión acumulada en diez largos años de intenso trabajo. El último de ellos, por cierto, especialmente complicado debido a la pandemia que asola nuestro planeta, con sus restricciones y múltiples inconvenientes. Perseverance ha llegado a Marte, la misión puede comenzar. Dos minutos después, llegan las primeras imágenes.
Empieza la misión
Durante los próximos 687 días terrestres (un año marciano), sus siete instrumentos científicos, uno de ellos español, tratarán de buscar signos de vida en Marte, obtener oxígeno de su atmósfera y recopilar muestras de rocas para que, en 2026, una nueva misión las recoja y las lleve a la Tierra para analizarlas con más detalle. La misión probará también si es posible volar en Marte, cuya atmósfera es un 99% menos densa que la de la Tierra. Ese es el objetivo del helicóptero Ingenuity, cuyas cuatro aspas girarán a mucha más velocidad que las de un helicóptero terrestre y que, si tiene éxito, podría convertirse en un elemento habitual en futuras misiones al planeta rojo.
El lugar de aterrizaje, el cráter Jezero, se encuentra en el borde occidental de una llanura, Isdis Planitia, justo al norte del ecuador marciano, a 2.300 km del cráter Gale, donde sigue operando su antecesor, Curiosity. Los científicos creen que Jezero fue habitable en el pasado remoto del planeta, cuando mares y ríos florecían en Marte. De hecho, el cráter contiene arcillas, que solo se forman en presencia de agua, lo que indica que una vez, hace unos 3.600 millones de años, fue un lago en el que desembocaba un gran río, cuyo delta es aún perfectmente visible en las fotos de satélite de la región.
Jezero, por lo tanto, tiene muchas posibilidades de conservar aún signos de vida pasada. A diferencia de otras misiones, cuyos objetivos habían sido buscar agua y determinar la habitabilidad de Marte, Perseverance será el primero en rastrear directamente las «firmas biológicas» que delaten la presencia de organismos vivientes. Si lo consigue, será la primera vez que el ser humano encuentre pruebas de vida fuera de la Tierra. Un gran paso para saber si estamos, o no, solos en el Universo.
