Dentro de pocos días Cándida de Medina se alejará de la posición de Primera Dama que ostenta desde hace ocho años. Será recordada por su cálida personalidad y vocación de servicio, cualidades que la han hecho merecedora de la admiración de muchos dominicanos; pero además, por sus atuendos que se convirtieron en referencia de elegancia.
Sin embargo, no siempre lució como la vemos hoy día, algunas directrices han sido variables. La estilista Yamelis Arnemann, experta en utilizar la moda como instrumento de comunicación, ha asesorado a la Primera Dama desde el primer período del mandato de su esposo.
“Para crear su imagen actual lo primero que hicimos fue un análisis de color a través de la codificación tono-cromática. Habíamos observado que aunque con frecuencia vestía de colores acertados, los tonos que utilizaba eran muy oscuros, y lejos de otorgarle frescura, en ocasiones se percibía apagada”.
Arnemann sugirió que no llevara el cabello muy corto para evitar que luciera mayor, y que evitara tonos muy cálidos o claros para más sobriedad. “Respetando su estilo clásico, personalidad introvertida y figura privilegiada, junto a Marcia Vargas, en peluquería y Dorka Toribio en moda, sus colaboradoras desde antes de la gestión, redefinimos su elegancia”.
La experta apunta que siempre estuvieron claros en que la selección de la indumentaria tenía que reflejar su personalidad de manera auténtica. “En su maquillaje la apuesta fue a coloraciones neutras y en ocasiones de un extremo cálido a un frio, considerando el contraste de acuerdo al atuendo. Siempre resaltando de forma natural sus expresivos ojos. En sus peinados primó el estilo clásico con toques contemporáneos, para darle un poco de modernidad dentro de su preferencia conservadora y atemporal”.



