«Nuestro convento fue totalmente destruido. Estábamos en la celebración de la Eucaristía cuando se escuchó una explosión, y a partir de ahí comenzó todo el desastre. Tuvimos miedo e incertidumbre, porque no sabíamos qué pasaba, y se decía que podía ser un ataque. Al final, descubriamos que había sido una explosión», explica por teléfono Fray Marlon Méndez Pavón (Niquinohomo, Nicaragua, 1980), del convento de Tierra Santa de Beirut.
A un kilómetro del puerto, el convento ha sufrido innumerables daños, como también la iglesia de San José, de la que Fray Marlon envía imágenes a ABC. En esas fotografías, se contempla lo que ayer anunciaban los primeros teletipos enviados por las agencias: cristales reventados, grietas en los muros, techos derribados. Una destrucción que se extendió por la ciudad de manera inesperada y violenta, después de que en un almacén del puerto, donde se habían depositado toneladas de nitrato de amonio, saltara por los aires.
«La ciudad está muy destruida. Nos están recomendado dejar Beirut por los gases tóxicos que hay en el ambiente», añade el fraile.
