Apodadas como «buckybolas» en honor al arquitecto Buckminster Fuller, quien redescubrió y popularizó las estructuras tridimensionales formadas por hexágonos y pentágonos -el ejemplo más popular es el balón de fútbol-, fueron descubiertas en dos especies:
Uintacrinus socialis
y
Marsupites testudinarius
. Su teoría es que estas «bolas» podrían haber actuado como una suerte de «submarinos» con una doble función, la de flotar y la de protegerles de los depredadores.
«La supervivencia en aquella época era crítica y las estructuras en forma de bola, capaces de soportar cargas muy pesadas, se formaron a su alrededor para proteger a estos seres de los daños del océano y ayudar a la flotabilidad», explica en un comunicado
Aaron Hunter, investigador adjunto de la UWA, quien explica que los crinoides se encontraban en lugares muy peligrosos, hace millones de años, cuando los océanos eran menos profundos y convivían con depredadores tales como cangrejos y peces. «Estos animales se extendieron por todo el mundo. De hecho, se han encontrado en rocas de tiza desde Texas, EE. UU. hasta Kalbarri, en Australia Occidental. Podrían formar una raqueta de nieve para sentarse en el fondo de los océanos poco profundos o flotar, trasladándose a lugares más seguros».
Hunter afirma que, al comparar las dos especies, Marsupites testudinarius tenía menos placas aunque relativamente grandes, creando una estructura estable. «Uintacrinus socialis, por otro lado, tiene placas mucho más complejas que forman una cúpula». «Las estructuras también se encuentran en la molécula de carbono Buckminsterfullereno, pero esta es la primera vez que encontramos una estructura de este tipo en los fósiles y sigue siendo un misterio por qué estas estructuras exitosas no evolucionaron de nuevo».
