La versión «normal», es decir, el OnePlus 8, es el más equilibrado de los dos. El más completo, si cabe, en el compendio de altas características que reúne el terminal, que comparte algunas (parte de sus tripas)- con su hermano mayor. A simple vista, es prácticamente idéntico que el anterior modelo, el 7T, pero ha migrado de piel y se le han añadido mejoras importantes como el «cerebro» que mueve todo su ecosistema: un potente microchip Snapdragon 865 que viene jalonado con dos configuraciones de 8 y 12 GB de memoria RAM. Su comportamiento apenas tiene cortapisas y es una gozada lo fluido que es como hemos comprobado durante las pruebas realizadas por este diario en los últimos días.
Con una sensacional pantalla de 6.55 pulgadas, el terminal es muy compacto en conjunto. Se maneja bastante bien con una sola mano a diferencia de otros modelos existentes en el mercado como Samsung Galaxy S20 Ultra, cuyo tamaño es bastante monstruoso. En este caso, el mamotreto es manejable (pesa solo 180 gramos), incluso guardado en el bolsillo del pantalón. Un detalle importante a tener en cuenta es que se ha eliminado todo retazo artificial en su superficie táctil. No tiene «notch», ese controvertida pestaña que se ha hecho muy popular en la industria en los últimos años. Ahora no queda rastro. Para incluir la cámara frontal se ha hecho un «agujero» que queda desplazada a la izquierda.
El panel escogido mantiene los estándares ofrecidos en anteriores ocasiones con uno de tipo Amoled, bien equilibrado y con una buena reproducción de los colores a pesar de ofrecer una resolución Full HD (2.400 x 1.080 píxeles) que queda algo más encorsetada. Con una relación de aspecto de 20:9, el «smartphone» se adapta a la mayoría de contenidos multimedia. Tiene los bordes ligeramente curvados inspirados en los terminales Galaxy de Samsung aunque en este caso queda algo desaprovechado como espacio interactivos para un submenú. Esa fluidez en su manejo también se aprecia gracias a la tasa de refresco de 90 Hz.
Donde se han hecho algunas modificaciones es en su potencia fotográfica. El terminal incluye una triple cámara trasera en forma de semáforo con tres lentes diferenciadas entre sí. Una, la principal, que contiene un sensor de 48 megapíxeles. El zoom ha pasado ahora a esta lente y, a diferencia de otras propuestas, funciona de manera digital en todo momento. No ha dado un paso importante en esta materia pero, en cambio, sí se ha avanzado en los algoritmos de Inteligencia Artificial para lograr mejores resultados que el anterior modelo. Se compagina con un ultra gran angular de 16 megapíxeles muy versátil para añadir más información y, por último, la novedad: una macro-cámara (2 megapíxeles) para captar detalles. En general se sostiene sobre la misma tesitura que todo el móvil en su conjunto: es equilibrado.
En la grabación en vídeo se ha apostado por un sistema de estabilización híbrido (óptico y digital). Una función pensada para aquellos usuarios que crean contenido multimedia y buscan un producto que consiga mejores resultados. Aunque viene recortado por defecto, el software permite grabar en calidad 4K a una frecuencia de 60 cuadros por segundo. En cuanto a sus medidas de protección, el OnePlus fía su caja de caudales a varias tecnologías ya asentadas en el mercado como el sensor de huellas dactilares (similar al modelo anterior) y un sensor de reconocimiento facial. Ambos funcionan de manera consistente aunque algo por debajo en rapidez y precisión que otros rivales.
La batería es otro de sus puntos fuertes. Aquí se ha dado un gran empujón. Y se nota. Pasa de una 3.600 mAh a una de 4.300 mAh. En poco más de cincuenta minutos se ha cargado al completo gracias a su potente cargador y, además, es compatible con cargadores inalámbricos (aunque no se incluye). Estéticamente bonitos pero sin ser rompedores, vienen en varios colores (negro, verde esmeralda con efectos brillantes una versión llamada «interstellar» inspirado el arco iris).
