Desde su llegada al poder en 2017, Bin Salman ha ido anunciando con cuentagotas medidas para eliminar la discriminación contra la mujer. La más significativa fue la prohibición de ponerse al volante. Pero antes y después han llegado otras: permiso para votar en elecciones municipales, entrada en los estadios de fútbol, acceso a determinados puestos de trabajo, pasaporte sin permiso del tutor masculino para las mayores de 21 años. La última medida llegó a comienzos de diciembre de 2019, cuando el gobierno saudí anunció que los restaurantes dejarán de tener dos puertas de acceso, una para hombres y otra para mujeres y menores. Ninguno de los cambios afecta, sin embargo, al núcleo del sistema de tutela del varón sobre la mujer en asuntos graves como el matrimonio, la herencia, la comparecencia en tribunales o la libertad de movimiento.
La continuidad de Al-Hathloul en la cárcel, por su negativa a firmar un escrito en el que se retracta de su pasado activista, así lo demuestra. Mohamed bin Salman quiere tener en exclusiva el mérito de la reforma, aunque esta se limite hasta ahora a movimientos cosméticos aceptados supuestamente a regañadientes por el clero musulmán wahabí. La liberación sin condiciones de Loujain -en particular si puede acceder a la prensa extranjera- sería un revés serio para la estrategia de Bin Salman, que quiere llegar al trono sin que nadie opaque su estrella.
