–De eso, no se habla o ya he dicho todo lo que tenía que decir de Venezuela. El mantra se extiende entre ministras sin capacidad de comunicar y otras con experiencia en patinar sobre terrenos que, para profesionales, nunca fueron resbaladizos. Una, la número 2, nuestra Carmen (Calvo), a la que el asiento se le caliente más de lo esperado por los torpedos de otros, dice que «Venezuela no le importa a nadie». Los «organismos de derechos humanos», que confunden sus banderas ideológicas con el imperativo de la defensa de las víctimas, se fuman un puro (cubano) y sonríen por toda reacción. Mientras, Maduro se burla de los «secretos» de España y al resto, se nos saltan las lágrimas.
El «Gobierno» de Juan Guaidó no se enfada cuando «el doctor presidente», del PSOE y del reino, se refiere a su héroe como al líder de la oposición (aunque le reconociera como jefe del Estado hace un año). La ministra Arancha González Laya (también muy nuestra), lo explica con algo parecido a un «fake» de Mario Moreno (Cantinflas): es eso y lo contrario también. Y el chapulín colorado peninsular, el que hace de vicepresidente con coleta, no se atraganta y se monda de risa. Total, no pasa nada, no hay consecuencias. Entonces, llega lo otro, peor si cabe. Antonio Ecarri, el embajador del presidente que no es, pero es, y a la vez es líder de la oposición, va y dice que sí, que el jefe es las dos cosas. Sánchez puede dormir tranquilo, los españoles menos. Y la abuela, mete el pie en el brasero de la camilla y se resigna, que sea lo que Dios quiera.
Mientras tanto, Delcy Eloina, la sardina que es un tiburón, se rasca las escamas. Las 40 maletas de Alí Nicolás y sus ladrones, terminan, gracias al genio de Ábalos, volando a destino (real) desconocido. Eso sí que es un secreto. Lo que hubo dentro y, en el fondo, lo que hay fuera.