La órbita de la Tierra no es exactamente circular, sino elíptica. Así, tiene dos ejes, uno mayor y otro menor, de tal manera que dos veces al año la Tierra pasa por los extremos del eje mayor, y otras dos veces por los del eje menor. El punto de la órbita de la Tierra que coincide con uno de los extremos del eje mayor recibe el nombre de solsticio: uno coincide con el inicio del invierno -que se produce en la madrugada de este domingo- y el otro con el inicio del verano. El solsticio de invierno también es el día que tiene menos horas de luz del año y, por el contrario, el solsticio de verano es la jornada más luminosa del año.
De la misma forma, los puntos de la órbita en los que la Tierra coincide con los extremos del eje menor se llaman equinoccios. También son dos, que coinciden con el inicio de la primavera y el otoño. Los equinoccios son los días del año en los que el día y la noche duran lo mismo, equiparándose las horas de luz y oscuridad. A partir de aquí, la noche le «roba» 3 minutos al día en el caso del equinoccio de primavera; y ocurre al contrario desde el equinoccio de otoño.
Así se alargan las noches hasta este domingo, en el que se pproducirá la noche más larga. Después, la rueda volverá a girar (o más bien, nuestro planeta en su órbita con el Sol), y los días volverán a alargarse, hasta volver a equipararse en el equinoccio de primavera.
Es necesario tener en cuenta que los solsticios y los equinoccios son distintos en el hemisferio norte y en el sur, ya que mientras en uno es verano, en el otro es invierno, y al revés. Y lo mismo sucede con los equinoccios.
