Para poder cumplir ambas promesas, el «premier» intentará que el Parlamento vote pasado mañana el acuerdo alcanzado con los Veintisiete en octubre a través del Proyecto de Ley de Retirada (WAB, por sus en inglés), que establece el marco jurídico en el que se producirá la separación. En principio, Johnson cuenta con el apoyo de sus 350 diputados, por lo que la jornada en Westminster se prevé mucho más sencilla que las anteriores, cuando el parlamento estaba fragmentado. Si todo va según lo planeado, a pesar de lo justo de los tiempos, la Unión Europea y Reino Unido romperán relaciones el próximo 31 de enero tras más de tres años y medio desde que se celebró el referéndum, pero contarán con un período de transición hasta el mes de diciembre para negociar un nuevo acuerdo comercial y definir las líneas sobre las que se enmarcará su nueva relación. Johnson quiere blindar la fecha para no tener que pedir una prórroga de dicho período. «No vamos a extender el período de implementación y el WAB prohibirá por ley que el Gobierno acepte cualquier extensión», señalaron las mismas fuentes.
Reino Unido permanecerá en el mercado único y en la unión aduanera hasta el 31 de diciembre de 2020, pero una extensión del acuerdo de hasta dos años más está permitida si ambas partes lo consideran necesario y si se acuerda antes del 1 de julio.
Simon Coveney, viceprimer ministro de Irlanda, fue uno de los primeros en reaccionar al anuncio, diciendo que el plan limitará las opciones de los británicos y que todo el proceso del Brexit ha demostrado que los plazos cortos siempre terminan siendo incumplidos. En la misma línea se manifestó el vicepresidente ejecutivo de la comisión europea, Valdis Dombrovskis, quien dijo que un «plazo muy rígido» significaba que «ciertas cosas estarán fuera de alcance».
