Un candidato alternativo para la jefatura del Partido Laborista es uno de los representantes más relevantes de la socialdemocracia del partido, el ala más centrista, sir Keir Starmer, que era el ministro en la sombra para el Brexit. Un europeísta convencido que fue un propulsor radical de defender un segundo referendo y que tuvo brillantes intervenciones en los debates sobre el Brexit en el Parlamento saliente. La búsqueda de un segundo referendo puede ser una de las causas de la aplastante derrota del partido en estas elecciones después de haber defendido el propio Starmer en 2016 que había que cumplir con el mandato popular salido del referendo de ese año. Y en su partido, hay muchos que le acusan de ser ajeno a la realidad del país gracias a que él es un diputado londinense en un escaño que siempre ha sido de victoria segura para los laboristas.
Cabe suponer también que Starmer puede ser un candidato dudoso para muchos laboristas repartidos por todo el país. Los que intentarán reconstruir el muro rojo que supuestamente había en el nordeste del país y ha quedado desmantelado esta vez, probablemente piensen que la mejor opción no es elegir como líder del partido a un firme defensor de la permanencia en la UE.
Aunque estos dos nombres, Long-Bailey y Starmer, representan las dos tendencias más marcadas dentro del Partido Laborista, es más que probable que surjan terceras o cuartas opciones. Queda mucho por definir y Long-Bailey tiene el apoyo de la mano derecha de Corbyn, pero no del propio Corbyn. Y cuando se avanza hacia el abandono del poder, se suele busca dejar en el mismo a alguien que te responda a ti, no al que fue tu segundo. Porque entonces, el que tiene a su alcance el oído del nuevo jefe es el que era tu segundo. Tú no eres nadie.