Solo «los banqueros, los multimillonarios y las grandes corporaciones» tienen algo que temer tras el manifiesto de Corbyn. Los demás británicos, la inmensa mayoría, solo obtuvo ayer prebendas y dádivas por parte del líder laborista. Los funcionarios, una subida inmediata del 5 por ciento en sus sueldos. Los jóvenes, transporte e internet gratuitos además de acceso sin costes a la universidad. Los ecologistas, una «revolución industrial verde» gracias a las ingentes cantidades que el futuro gobierno laborista invertirá en empresas públicas de energía limpia.
El aire profético y visionario de Jeremy Corbyn, que envuelve el rancio programa socialista del siglo pasado, solo es comparable al de su colega norteamericano Bernie Sanders –otro nostálgico de tiempos pretéritos de Gran Hermano–, esa bala de oro en la pistola de Donald Trump para ser reelegido en 2020, si no se pega antes un tiro con ella.
Jeremy Corbyn se quitó ayer la careta con un programa que él mismo calificó de «radical», para tratar de dar un vuelco a las encuestas que le sitúan muy por detrás de Boris Johnson. Más impuestos y más gasto público, pero a lo grande. Sin miramientos. Y sin tibieza. Esa que le achacan muchos a Corbyn, incluso dentro de su propio partido laborista, por su actitud ambigua ante el Brexit –que en realidad sigue siendo un interrogante– frente a la claridad meridiana de Johnson.
