La clave del creciente caso contra Trump se ha convertido en la expresión del latín más repetida y trascendente en la política de Estados Unidos: «quid pro quo», que literalmente puede traducirse como «algo a cambio de algo» o «una cosa por la otra». Dentro de la trama de Ucrania que está logrando sacar todavía más de quicio al presidente, el «quid» sería la retenida ayuda militar americana por valor de 391 millones de dólares para el Gobierno de Kiev. El «quo» sería la información ventajosa que las autoridades ucranianas pudieran facilitar contra rivales de Trump de cara a las presidenciales del 2020.
Hasta ahora, el presidente y sus aliados han argumentado que no existía un delictivo «quid pro quo» porque el Gobierno de Ucrania desconocía que la ayuda militar había sido bloqueada por la Casa Blanca. Sin embargo, en un incriminador testimonio a los investigadores de la Cámara de Representantes, el principal diplomático de EE.UU. en Kiev ha desmontado ese intento de coartada por ignorancia. Según William B. Taylor Jr., un pulcro funcionario de los que se molestan en documentar su trabajo, el congelamiento de la asistencia militar estuvo vinculado desde el primer momento a lograr la cooperación de las autoridades ucranianas, que además conocían perfectamente desde agosto la medida de presión ordenada por el presidente.
En su incontenible diarrea de Twitter, Trump se declara víctima de un conspirador estado profundo. Aunque su predicamento es más bien producto de servidores públicos que se niegan a ser cómplices de la corrupción instalada en el despacho oval
