Los investigadores, liderados por Fumihiro Kano, del santuario de primates Kumamoto de la Universidad de Kioto, propusieron a los simios un juego especialmente emocionante para ellos. Como explican en la revista «Proceedings of the National Academy of Sciences» (PNAS), el simio observa un vídeo en el que un investigador disfrazado de King Kong oculta una piedra en una caja a la vista de otro humano. El humano se va por una puerta, momento que el falso gorila aprovecha para cambiar el objeto de sitio. Se lo pasa de mano en mano, lo mete en otra caja, lo saca y finalmente se lo lleva. El humano vuelve para recuperar la piedra mientras que una tecnología de seguimiento ocular recoge dónde está mirando el simio. Y en efecto, el simio mira más tiempo la caja donde fue ocultada la piedra la primera vez porque el humano no sabe que ha sido retirada y considera que será allí donde la va a buscar.
Regla de comportamiento
Hasta aquí, el experimento, inspirado en otro similar que se hace con niños pequeños, ya se conocía. Pero podía presentar un problema. Una explicación alternativa podía ser la «regla de comportamiento»: ¿los simios entendieron genuinamente el estado mental del individuo (la falsa creencia de dónde estaba el objeto) o simplemente se fijaron en el último lugar visitado por el sujeto?
Para resolver esta cuestión, el equipo repitió la prueba con un nuevo giro. En vez de esconderse detrás de una puerta, el humano lo hacía detrás de un panel que en ocasiones era opaco y en otras translúcido. Los simios conocían bien las características de ambas barreras. El resto de la escena no cambiaba: el King Kong escondía la roca en una caja, después en otra y al final se la llevaba. El equipo observó que, con el panel opaco, los simios anticipaban que el humano escogería la caja donde había visto que estaba la roca (ya que no podía saber que no estaba allí) mientras que con el translúcido, anticipaban que no escogería nada (miraban las dos cajas durante el mismo tiempo), ya que había visto cómo se la llevaban.
Según los investigadores, esto confirma que los simios tienen teoría de la mente. «Estamos emocionados de encontrar que los grandes simios pasaron de verdad esta difícil prueba», comenta Kano. «Los resultados sugieren que compartimos esta habilidad con nuestros primos evolutivos. Planeamos continuar refinando nuestros métodos para probar otras alternativas no mentalistas a la teoría de la mente en animales no humanos», añade.
Como dicen los autores del estudio, cuanto más aprendemos sobre nuestros primos no humanos, «más nos damos cuenta de que somos iguales».