Se trata de un «remake» (una copia hecha desde cero con mejores gráficos) del original lanzado en 1993 para Game Boy. A pesar del paso de los años, el título sigue siendo recordado con mucho cariño por los que se iniciaron en el mundo de los videojuegos con la primera portátil de Nintendo en la mano. La historia trae de vuelta a Link, el héroe de la saga, después de los acontecimientos que tuvieron lugar en el «Zelda: A Link to the Past» de Súper Nintendo (1991). En esta ocasión, el joven guerrero naufraga en una isla de la que no podrá escapar hasta que no consiga despertar al Pez Viento, que descansa en un enorme huevo que se halla en la cumbre de una montaña.
Al margen de sus nuevos y excelentes gráficos, quienes jugaron (y rejugaron) este «Zelda» en los noventa se encontrarán prácticamente lo mismo cuando metan el cartucho en su Switch. Tanto que, si tienen buena memoria y han seguido ocupados con la saga, serán capaces de completar la historia en poco más de diez horas. Sin embargo, aquellos que se adentran en su mapa por primera vez, tendrán que dedicarle tiempo si desean llegar a los créditos finales.
Y es que la franquicia nunca ha destacado por resultar especialmente asequible, y «Link’s Awakening» no es la excepción. Su encanto reside, precisamente, en que a diferencia de otras propuestas más recientes el jugador nunca va a encontrar en el mapa una gran X que marque el lugar al que se tiene que dirigir. Por el contrario, se ve obligado a moverse por su mapa, entrar en las casas y hablar con la gente que encuentra por el camino. Algo imprescindible para hallar la forma de llegar a su destino. Una vez descubra el rumbo a seguir, lo más probable, es que termine dándose de bruces con una mazmorra, donde Link tendrá que sacar a relucir todo su ingenio para desentrañar sus secretos, resolver los puzles que se presentan y, finalmente, derrotar al jefe final.
Por norma general, los enemigos que pueblan el «Link’s Awakening» no son especialmente exigentes. No hay riesgo de que alguno se atragante. Todos cuentan con su punto débil, por lo que, una vez se descubre, es solo cuestión de explotarlo. El mapa en el que discurre la historia no resulta demasiado grande. Nada que ver con el ambicioso «Zelda: Breath of the Wild» (2016) u otros ejemplos RPG (juegos de rol) de la generación actual, como «The Witcher 3». Por el contrario, resulta muy compacto. Se puede recorrer de punta a punta en unos pocos minutos, siempre y cuando se sepa cómo sortear los obstáculos que lo salpican. Y es ahí donde el juego se vuelve especialmente exigente.
Perdido en Hyrule
Como hemos dicho, si está pensando en dedicarle tiempo (y dinero) a «Zelda: Link’s Awakening», debe tener en cuenta que la principal dificultad del título reside en encontrar el camino correcto. Es decir, descubrir hacia dónde debe uno dirigirse para avanzar en la historia. Algo que era bastante habitual en los títulos de rol de principios de los noventa, y que lo sigue siendo dentro de la famosa saga en la actualidad. Sin embargo, a algunos usuarios que no estén familiarizados con la fórmula puede llegarles a resultar exasperante por momentos; especialmente a aquellos que llevan poco apretando botones.
Esto no implica, evidentemente, que no existan trucos para solventar la situación por la vía fácil. Como ocurre con la mayoría de videojuegos, hay numerosos tutoriales en internet que pueden ayudarle a no quedarse atrancado. Aunque lo más recomendable es que no el jugador no les preste atención y confíe en su habilidad para ir superando los diferentes obstáculos que ofrece el videojuego. La exploración, como ocurre con todos los RPG, es uno de los principales puntos fuertes del título.
Ya explicamos que, para conseguir escapar de la isla en la que ha quedado varado, Link debe despertar al Pez Viento. Para ello, tendrá que ir recolectando por el camino los ocho instrumentos musicales necesarios para interpretar la melodía que interrumpa su letargo. Instrumentos que se encuentran escondidos en las profundidades de las mazmorras que salpican el mapa. Para poder completarlas, es necesario que el jugador preste mucha atención a los detalles. Y es que la exigencia de estas se irá haciendo cada vez más evidente según vaya avanzando la historia. Tanto que, en las últimas, el usuario puede llegar a gastar varias horas buscando las llaves necesarias para acceder a todas las estancias que se encuentran en su interior. Para que la tarea no resulte demasiado dura, es recomendable escuchar los consejos que ofrecen las estatuas con forma de búho cuando se interactua con ellas, que pueden ayudar a encontrar el camino correcto sin necesidad de deambular más de la cuenta.
Una fórmula que sigue funcionando
Si bien, es posible completar la historia en menos de diez horas, eso no implica que sea tiempo suficiente para exprimir el juego por completo. Ni mucho menos. Si el jugador quiere desvelar todos sus secretos será necesario que le dedique mucho más tiempo. Y ahí reside otro de los grandes puntos fuertes del título, la rejugabilidad. La opción de tratar de desvelar todos los secretos que el compacto mapa de «Link’s Awakening» esconde. Un desafío que se entremezcla con una historia atractiva, desafiante por momentos, y con una jugabilidad intachable. Una demostración más, y ya hemos perdido la cuenta, de que para que un juego sea bueno no es necesario que tenga los mejores gráficos, la imagen más nítida, ni el mundo más grande. Que hace 30 años ya se hacían videojuegos tan buenos, o más, que los de ahora.
