El presidente de Schleswig-Holstein, Daniel Günther, por ejemplo, declaró que considera el resultado una «señal de alarma» y reprochó a la directiva el hecho de que «no podamos vincular a nuestras siglas a un amplio grupo de población de los Bundesländer orientales». En su opinión, «nuestra estrategia no es precisamente perfecta y no bastará con poner parches. Tenemos que lidiar con una profunda decepción que no se puede superar si no abordamos correcciones de fondo».
También Friedrich Merz, contrincante de AKK por la dirección del partido, se puso ante las cámaras para advertir que son resultados «extremadamente preocupantes y no se puede defender que tenemos la estrategia correcta. Nos quedamos muy cortos contra el problema masivo con el que estamos lidiando en toda Alemania». Merz atribuyó la victoria al «éxito personal de Kretschmer» y subrayó que «las personalidades deciden la elección», en una velada referencia a la escasa popularidad de AKK como próxima candidata de la CDU. Incluso el exdirector de los servicios de inteligencia Hans-Georg Maaßen, que tuvo que dimitir por haber mantenido posiciones cercanas a AfD, se atribuía ayer parte del éxito de Brandemburgo. Solo después de todos ellos apareció AKK para reconocer la «señal» de las urnas y asegurar que no habrá pactos de gobierno con la ultraderecha, lo que, en conjunto, llevó por ejemplo al semanario Focus ha hablar de la «Desunión Cristianodemócrata».
Los socialdemócratas del SPD, por su parte, han dado trato de trámite a estas regionales y anotan las pérdidas de votos, un 4,7% y un 5,7%, como datos de transición. El partido dio inicio ayer al proceso interno para elegir presidente, después de que dimitiera del cargo Andrea Nahles, precisamente por el desafecto reiterado en las urnas, y que terminará en un congreso en diciembre, muy posiblemente con la elección del candidato de más peso, el actual ministro de Finanzas Olaf Scholz. Si hoy hubiera elecciones generales, el SPD obtendría en torno al 14% de los votos, muy por detrás de Los Verdes e igualado con AfD.
Los partidos de la gran coalición de Berlín salen de estas regionales en un estado de precariedad que difícilmente evitará que a final de año, momento de poner sobre la mesa la cláusula de revisión, no se opte por adelantar las elecciones.