Se suicida el magnate amigo de Trump y Clinton acusado de abuso

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El magnate neoyorquino Jeffrey Epstein, acusado de abuso y prostitución de menores, se suicidó ayer a los 66 años en un calabozo donde se hallaba a la espera de juicio. Epstein era un millonario que a lo largo de las pasadas décadas cultivó amistades en la primera fila de política norteamericana, entre ellas las de Donald Trump y Bill Clinton. La reapertura de la causa por abuso de menores contra Epstein provocó una crisis en el gobierno de Trump, pues su ministro de Trabajo, Alex Acosta, dimitió el 12 de julio porque en 2008, cuando era fiscal en Florida, negoció un acuerdo con el acusado a través del cual este apenas cumplió 13 meses de prisión.

El FBI, la policía judicial, investiga ahora la muerte de Epstein, que fue hallado ahorcado en su celda después de que se le retirara el régimen de prevención de suicidios. Varias mujeres acusan a Epstein de pagarles por mantener sexo con él y con abogados, empresarios, políticos y artistas. La fiscalía había pedido 45 años de prisión y él se había declarado inocente. Dos semanas antes, Epstein fue encontrado inconsciente en el suelo de su celda con hematomas en el cuello, según dijeron entonces las autoridades carcelarias en Nueva York.

Apenas 24 horas antes del suicidio de Epstein, una de las mujeres que le acusa de violación, Virginia Giuffre, hizo público un dosier de 2.000 páginas donde detalla un supuesto entramado de trata de menores en las propiedades que Epstein tiene en Nueva York, Florida y las Islas Vírgenes. Según Giuffre, Epstein la obligaba a ofrecer favores sexuales a hombres poderosos de todo el mundo para grabarlos y poder chantajearlos luego. El magnate negó los cargos y sus abogados acusaron a Giuffre de un delito de injurias.

Epstein vivía una vida de extravagante lujo y donaba abundantes fondos a instituciones educativas y organizaciones humanitarias. Le gustaba rodearse de famosos y llegó a ceder el uso de sus mansiones y aviones privados a Clinton y Trump. Hacía más de una década que no se veía a ninguno de estos políticos con el millonario, sobre todo después del primer proceso judicial por violación, que acabó con un acuerdo que las supuestas víctimas consideran beneficioso para el acusado.

El calabozo en el que se hallaba Epstein ha albergado a algunos de los presos más célebres de la historia reciente de EE.UU., entre ellos el narcotraficante mexicano Joaquín «El Chapo» Guzmán; el ideólogo de los atentados del 11-S Ramzi Ahmed Yousef, y el defraudador convicto Bernie Maddoff.

Crisis en la Casa Blanca
Gracias a su fortuna, Jeffrey Epstein era un hombre extremadamente bien conectado. Tanto que, cuando el 6 de julio la fiscalía reabrió el caso de la trata de menores y el magnate fue arrestado en un aeropuerto de Nueva Jérsey, el efecto inmediato se sintió sobre todo en la Casa Blanca. En una semana el ministro de Trabajo, Alex Acosta, presentó su dimisión a Donald Trump porque en 2008 había sido el fiscal de Miami que aceptó que, a pesar de la gravedad de los cargos, Epstein pasara apenas 13 meses durmiendo en una prisión de Florida en un régimen de semilibertad condicional.

La prisa del fiscal Acosta por dar carpetazo al asunto impidió que las acusaciones se analizaran con detalle en la corte. A las supuestas víctimas de entonces se les han ido añadiendo otras a lo largo de los años. El caso ha ido creciendo y finalmente ha estallado en la era del movimiento feminista «Me Too». Y aunque Epstein ha muerto, las víctimas quieren ahora que rindan cuentas los hombres a quienes supuestamente chantajeó en magnate con los favores sexuales comprados.