La misma prohibición de atracar en puerto italiano se ha hecho al buque Alan Kurdi de la ONG alemana Sea Eye, con 40 personas salvadas el miércoles. El bloqueo impuesto por Salvini ha desencadenado un duro enfrentamiento con su colega alemán, Horst Seehofer. El Gobierno de Berlín había anunciado su compromiso de acoger a 30 de los 116 inmigrantes de la nave Gregoretti de la Guardia Costera italiana, desembarcados el pasado miércoles en Siracusa (Sicilia) y repartidos en estructuras de la Iglesia italiana y en cinco países europeos: Alemania, Portugal, Francia, Luxemburgo e Irlanda.
Pero en esta batalla que se juega en Europa sobre la inmigración, parece que caben también golpes bajos. Berlín le dijo a Salvini que solo mantendría su compromiso si la nave alemana Alan Kurdi atracaba en un puerto italiano. El líder de la Liga ha considerado que la posición alemana es inaceptable y ha respondido con rabia: «Se trata de un verdadero chantaje. No aceptamos órdenes ni invasiones. Si entran en aguas italianas, tomaremos posesión de esa embarcación. ¡Basta, me han hartado! Estas naves serán secuestradas y subiremos a bordo», dijo Salvini. Ante el muro impuesto por el ministro del Interior, el Alan Kurdi, próximo a Lampedusa, decidió ayer poner rumbo hacia Malta. La decisión se ha adoptado para evitar que aumentara la confrontación diplomática entre Italia y Alemania, además de la necesidad de desembarcar cuanto antes a un niño de cuatro años con una grave herida de 10 centímetros causada por arma de fuego.
Mientras en Bruselas se negocia cómo distribuir a los inmigrantes rescatados de la nave Ocean Viking de la ONG Sos Méditerranée (Francia, Italia, Alemania y Suiza) en colaboración con Médicos Sin Fronteras (MSF) que se dirige hacia el Mediterráneo central para rescatar personas que en ningún caso devolverán a Libia.
