Según las autoridades carcelarias, la matanza en el Centro de Recuperación Regional de Altamira (CRRALT), comenzó con una pelea entre facciones a las siete de la mañana, hora local, cuando los presos de una de las bandas cruzaron hacia la zona de la cárcel donde estaban encerrados los de otro grupo rival.
Esta es la segunda masacre grave de este año en la Amazonia. Hace apenas dos meses 57 presos murieron en cuatro cárceles de Manaos, donde la policía encontró reos estrangulados, ahorcados y acuchillados con puñales hechos con cepillos de dientes, también después de una guerra de bandas.
Las guerras de facciones son frecuentes en el sistema penitenciario brasileño, considerado por organismos internacionales uno de los peores y más inhumanos del mundo. Violentas facciones criminales como el Comando Vermelho (CV) de Río de Janeiro, el Primer Comando de la Capital (PCC) de São Paulo, y Familia del Norte, de la región amazónica, dominan las prisiones y vienen siendo separados por áreas e incluso distintos presidios, para evitar enfrentamientos.
Según datos oficiales, la población carcelaria brasileña hacinada en pésimas condiciones, pasa de 700.000 personas, el doble de su capacidad.
