La decisión de Rivlin de convocar a los dos líderes se produjo después de la ronda de contactos que el presidente mantuvo con los representantes de las fuerzas políticas que obtuvieron representación en la cámara tras las elecciones de hace una semana. El resultado final de estas entrevistas, que se ofrecieron en directo para que todo el mundo las pudiera seguir, se saldó con 55 apoyos para Netanyahu y 54 para Gantz. La decisión de los tres diputados del partido Balad, parte de la «Lista Conjunta» formada por los partidos árabes, que es la tercera fuerza del país con trece diputados, de romper el consenso de la coalición y no apoyar a Gantz desniveló la balanza a favor del líder del Likud.
Tanto Gantz como Netanyahu defienden desde el cierre de las urnas la necesidad de formar un gobierno «de unidad amplia» entre el Likud y el Partido Azul y Blanco, insistió una vez más quien ha ocupado la jefatura del ejecutivo la última década. El problema es saber quién ocupará el asiento de primer ministro ya que Gantz aspira a ocupar el cargo gracias al aval conseguido en las urnas, donde ha sido el más votado. El líder de Azul y Blanco tiene claro, además, que no quiere meter en su equipo de gobierno a partidos religiosos o «extremistas», forma de referirse a los ultranacionalistas, formaciones que son aliadas naturales de Netanyahu y con las qu eha formado un acuerdo de cooperación para entrar en bloque en la negociación.
El acuerdo parece no parece inminente y por ello se engrandece la figura del ex ministro de Defensa, Avigdor Lieberman, cuyos nueve diputados se convierten en bisagra imprescindible para cualquier pacto. El dirigente moldavo apuesta por una coalición con Likud y Azul y Blanco y Gantz se reunió con él justo antes de acudir a la cita presidencial. Lieberman dejó muy claro que «toda la discusión es ahora sobre quién debe servir primero como primer ministro y quién segundo».
