El nombre de Al Qurashi -que en realidad se llamaba Amir Mohammed Abdul Rahman al-Mawli al-Salbi- comenzó a aparecer en los principales medios internacionales a partir del octubre de 2019, cuando se supo que había sido nombrado nuevo ‘califa’ del grupo Daesh. La agencia Amaq, medio habitual empleado por la organización, difundió entonces un mensaje de audio de ocho minutos a través de Telegram en el que admitía la muerte de Abu Baker Al Bagdadi en una operación de las fuerzas especiales de Estados Unidos y anunciaba el nombre de su sucesor.
Culpable de un genocidio
Nacido en la ciudad iraquí de Tal Afar, Salbi era «uno de los más influyentes ideólogos» de Daesh y uno de los responsables de la limpieza sectaria aplicada por el grupo contra minorías como los yazidíes, una minoría kurdófona adepta a una religión esotérica milenaria a la que Daesh considera apóstata. Nada más proclamar el ‘califato’, sus combatientes les atacaron por sorpresa en las montañas de Sinyar.
Al menos 5.000 hombres y niños fueron asesinados y más de 7.000 mujeres y niñas secuestradas para utilizarlas como esclavas sexuales, según los datos de la ONU, que tras investigar los hechos calificó lo ocurrido durante la ofensiva yihadista de genocidio. Esa fue la tarjeta de presentación de Salbi dentro de la organización, que amplió cuando prosiguió con la tarea de limpieza sectaria en la planicie de Nínive, de donde desaparecieron también minorías como la cristiana debido a su brutalidad.
Su nombre figuraba en todas las listas de los principales candidatos a coger el relevo de Al Bagdadi, pero su origen turcomano, no árabe, hacía dudar a los expertos sobre sus posibilidades reales de convertirse en el quinto líder que tenía Daesh desde su fundación.
