Muere el naturalista Edward O. Wilson, apodado el ‘Darwin moderno’

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El naturalista estadounidense Edward O. Wilson, apodado el ‘Darwin moderno’, ha muerto este domingo en Massachusetts a los 92 años de edad, tal y como ha confirmado la fundación que lleva su nombre. Junto con el naturalista británico David Attenborough, Wilson fue considerado una de las principales autoridades del mundo sobre historia natural y conservación.

Nacido en el estado sureño de Alabama, desde muy pequeño se interesó por los insectos y las mariposas, pasando horas en el bosque para recolectar diferentes especímenes. Su trayectoria académica incluye 70 años como investigador de la Universidad de Harvard, dedicándose a ser profesor y conservador de entomología. A lo largo de su carrera, Wilson descubrió más de 400 especies de hormigas -de hecho, fue conocido como ‘el hombre hormiga’- y uno de sus mayores logros fue descubrir cómo estos insectos comunican situaciones de peligro y o senderos de comida mediante la emisión de sustancias químicas.

Fue reconocido dos veces con el premio Pulitzer por dos de sus libros: ‘La naturaleza humana’ (1974) y ‘Las hormigas’ (1991). Y fue referencia en la lucha por el cambio climático. Además de popularizar el término ‘biodiversidad’, Wilson propuso el proyecto ‘Half-Earth’, que propone proteger la mitad de la tierra y el mar del planeta para que haya suficientes ecosistemas diversos y bien conectados para revertir el curso de la extinción de especies. Inspirados en este programa, los expertos de las Naciones Unidas han instado a los países a comprometerse a conservar el 30% de su tierra y agua -casi el doble del área que ahora está bajo alguna forma de protección- para 2030, un objetivo conocido como ’30 para 30′ e inspirado en parte por Wilson.

Aunque también fue centro de la polémica tras la publicación de su libro ‘Sociobiología: la nueva síntesis’, publicado en 1975, en el que algunos científicos señalaron que Wilson afirmaba que los comportamientos humanos como el altruismo o la hostilidad están determinados por los genes, o la «naturaleza», en lugar del medio ambiente o la «crianza». Los críticos de la época condenaron la teoría por transportar ‘ecos’ de la eugenesia, la aplicación de las leyes biológicas de la herencia al perfeccionamiento de la especie humana.

«El santo grial de Ed fue el puro placer de la búsqueda del conocimiento. Sintetizador implacable de ideas, su valiente enfoque científico y su voz poética transformaron nuestra forma de entendernos a nosotros mismos y a nuestro planeta. Su mayor esperanza era que los estudiantes de todo el mundo compartieran su pasión por el descubrimiento como la base científica fundamental para la administración futura de nuestro planeta. Su regalo fue una profunda fe en las personas y nuestra determinación humana compartida de salvar el mundo natural», señaló Paula J. Ehrlich, directora ejecutiva y presidenta de la Fundación de Biodiversidad EO Wilson y cofundadora del Proyecto Half-Earth.

El naturalista había estado viviendo en una comunidad de jubilados en el noreste de los Estados Unidos y recientemente había publicado el último de una larga serie de libros sobre biodiversidad.