En 2018, un misil que cayó a pocos metros del autobús en el que viajaba dejó la parte superior del rostro de Jouma completamente desfigurado. El estallido de los cristales, que impactaron directamente en los ojos del pequeño, le provocaron una ceguera irreparable a causa de las heridas. Por su parte, su padre perdió varios dedos de los pies y sufre de amnesia.
Tras ser atendidos, la familia fue trasladada a un barrio pobre de Beirut, donde vive ahora. En una entrevista con la BBC, su familia, asegura que, pese a la gravedad de las lesiones, el pequeño Jouma sigue teniendo «tanta curiosidad como cualquier niño de su edad».
Según cálculos diversos organismos, incluyendo la ONU más de 400.000 personas han muerto hasta ahora en Siria y varios millones han huído del país para escapar de la guerra.
