La primera vez que escuché la frase de marras –«Los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos descienden de los incas y los argentinos descendemos de los barcos»– fue en la voz de un elegante y encantador investigador argentino en el Archivo de Indias de Sevilla. Corría el año de 1985 y aquel profesor deseaba piropear a los países que tenían grandes culturas precolombinas. Por lo tanto, aquella humorada fue una forma de reírse de sí mismo –como argentino–, aunque no exento de melancolía, porque los pueblos originarios del Río de la Plata fueron diezmados por la misma república criolla que promovió la llegada de los barcos cargados de inmigrantes.
Es difícil precisar la autoría del donaire, pues la encontramos en… Ver Más