Huerta, que recuerda que el atentado intentaba romper por la mitad el camino a la democracia que estaban planteando Gobierno y oposición», asegura que después del episodio del 24 de enero de 1977 cada atentado, fuese contra quien fuese, ha sido como vivirlo en sus propias carnes». «Lo he sentido así hasta en los últimos años en donde ha habido crímenes cercanos en parecidas circunstancias como el del semanario Charlie Hebdo. «Te suenan las miradas, los propósitos, la bestialidad».
José María Mohedano también vivió el episodio muy de cerca. Se encontraba con su compañera Manuela Carmena en el número 50 de la calle, al otro lado del piso. El letrado asegura que «nunca se han preocupado realmente por el itinerario penitenciario de los asesinos», pero tilda de «auténtico despropósito» la decisión por la cual se le otorgó la libertad condicional con autorización para salir fuera del país a un hombre que «en absoluto estaba reinsertado». «Es el único caso que yo recuerde que a un condenado por asesinar a cinco personas se le concede la libertad condicional para cumplir la condena fuera de España».
Por otra parte, Cristina Almeida, que en el momento de la masacre se encontraba realizando una actividad de la ONU en Chile, recuerda cómo se intentó desbaratar el papel de víctima y verdugo durante el juicio. «Ellos creían ser las víctimas mientras nosotros éramos unos abogados impresentables», asegura. Asimismo, destaca la «clarividencia» que tuvo en ese momento Adolfo Suárez, presidente del Gobierno en aquel entonces. «Me quedo con su valentía al decir que no había que ir hacia atrás, sino hacia adelante».
