La salida de todas las tropas aliadas el 1 de mayo fue un compromiso alcanzado en Doha el año pasado en las negociaciones entre los talibanes y Estados Unidos después de 17 años de presencia militar occidental en aquel país. Sin embargo, en ese mismo pacto los insurgentes talibanes se comprometían a llegar a un arreglo con las autoridades afganas, a detener sus atentados terroristas y a dejar de apoyar a Al Qaida. Por ahora, las negociaciones están estancadas y la violencia no ha dejado de aumentar. Es más, este año la habitual ofensiva de primavera se ha adelantado y antes de la llegada del buen tiempo han empezado los ataques. El general norteamericano Scott Miller, jefe de las tropas aliadas en Afganistán, ha declarado esta semana que en estos momentos «la violencia de los talibanes es mucho mayor que otros años, lo que no apoya las condiciones para avanzar en lo que se espera sea un punto de inflexión histórico para Afganistán».
Stoltemberg ha asegurado que el nuevo secretario de Defensa norteamericano se ha comprometido a no actuar unilateralmente y a concertar con el resto de aliados la retirada de los 10.000 soldados que quedan sobre el terreno, la mayoría aliados europeos o de un país asociado como Georgia.
«Nadie pretende decir que esto será fácil», ha dicho el secretario general. «Se trata de un dilema muy complicada porque si nos quedamos más allá del 1 de mayo corremos el riesgo de un aumento de los ataques a nuestras tropas, pero sin nos vamos sin condiciones entonces lo que puede pasar es que todos los avances de estos años se pierdan y que Afganistán vuelva a ser un refugio de terroristas».
