Los buques de guerra deben estar listos para abordar cualquier barco del que se tema que esté violando la soberanía británica. En los casos más extremos, podrían ser incautados y luego escoltados al puerto británico más cercano. Fuentes de la Marina británica citadas en la prensa han asegurado que no se espera que utilicen sus ametralladoras o sus cañones. «Nadie va a hacer disparos de advertencia contra los pescadores franceses; las armas de fuego sólo se utilizan cuando hay peligro de muerte».
La mayoría de los periódicos ilustra la noticia con la figura del presidente francés Emmanuel Macron, al que todos señalan como el que se imaginan que veta un posible acuerdo comercial a causa precisamente de la pesca. En realidad, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha propuesto al Reino Unido que se mantenga entre seis meses y un año el libre acceso mutuo de los pescadores a las aguas y los puertos de las dos orillas del canal a la espera de un acuerdo comercial completo, porque «hay muchas familias que viven de esa pesca» tanto británicas como europeas. El primer ministro Boris Johnson reclama la recuperación absoluta de la soberanía sobre sus aguas territoriales, a lo que la UE le responde que si no permite el acceso de los pescadores europeos, los británicos tampoco podrán seguir vendiendo el pescado (el 70% de las capturas en esta zona) en el mercado europeo.
La decisión ha suscitado críticas entre sectores conservadores de alto rango que han cuestinado esta amenaza, considerada por el excomiario europeo Chris Patten como «propia de un nacionalista inglés». Tobias Ellwood, presidente del comité de defensa en el Parlamento, calificó la amenaza de desplegar cañoneras como «irresponsable».
Hoy domingo está previsto que la UE y el Reino Unido decidan si es posible seguir intentando buscar un acuerdo negociado antes del 31 de diciembre o si es más realista preparase para un no acuerdo.
