La Comisión reconoció que el formato requiere «estructura adicional» en los dos debates que quedan por delante para «asegurar una discusión más ordenada». Añadió que «considerará con atención los cambios que se adoptarán y anunciará las medidas en breve».
El próximo debate será el 15 de octubre en Miami (Florida) y tendrá un formato diferente al de este martes: será un encuentro con votantes en el que los propios ciudadanos serán quienes hagan la mayoría de las preguntas. El tercer y último debate, el 22 de octubre en Nashville (Tennesse), recuperará el formato del primero, con un moderador.
Antes de conocerse la noticia, hubo división en el partido demócrata sobre qué postura tomar sobre estos eventos, ante la certidumbre de que Trump insistirá en romper las normas y no dejar hablar a su candidato. Algunos, como el senador Chris Coons, un aliado férreo de Biden, no lo descartaban: defendió que el objetivo de los debates es que los candidatos compartan sus puntos de vista con los votantes y «la algarada del martes no pasó el test».
Nancy Pelosi, la líder de los demócratas en la Cámara de los Representantes, advirtió a principios de septiembre que Biden no debería «legitimar una conversación o un debate» con Trump. «Actuará de una forma por debajo de la dignidad de la presidencia, lo hace cada día», pronosticó Pelosi sobre Trump.
Ayer, Pelosi no respondió a la pregunta de si Biden debía ausentarse en las próximas citas pero criticó que no hubiera un sistema para que ambos candidatos pudieran hablar. «Siento que no cerraran su micrófono cuando era el turno de Biden y lo abrieran cuando fuera el turno del presidente, no hubierámos tenido esas interrupciones», dijo en la cadena CNBC.
A pesar de ello, la campaña negó que Biden se fuera ausentar aunque sí exigieron que haya cambios, como ha aceptado la Comisión de Debates. Varios pesos pesados del partido rechazaron que su candidato boicotee el próximo debate, lo que podría interpretarse como una capitulación ante el estilo del presidente.
