Estos robots microscópicos andantes, dados a conocer en agosto en la revista «Nature», incorporan componentes semiconductores, lo que les permite ser controlados con sencillas señales electrónicas. Del tamaño de un paramecio, un microorganismo habitual de las aguas estancadas, tienen un grosor de aproximadamente 5 micrones (un micrón es una millonésima parte de un metro), 40 micrones de ancho y un rango de 40 a 70 micrones de longitud. Cada bot consta de un circuito simple hecho de silicio fotovoltaico, que esencialmente funciona como el torso y el cerebro, y cuatro actuadores electroquímicos que funcionan como patas que se mueven concienzudamente.
Según explicaron los investigadores en un comunicado, el control del robot se realiza mediante el destello de pulsos de láser en diferentes sistemas fotovoltaicos, cada uno de los cuales carga un juego de patas separado. Al alternar el láser de un lado a otro entre los fotovoltaicos frontal y posterior, se produce el milagro y el robot camina. Opera con bajo voltaje (200 milivoltios) y baja potencia (10 nanovatios). Además, los robots son fuertes y robustos para su tamaño y se pueden fabricar en paralelo: alrededor de un millón de bots caben en una oblea de silicio de 10 centímetros.
Sondeo cerebral
Ahora, los investigadores quieren mejorar a sus «criaturas», todavía algo lentas. Pretenden hacerlas más rápidas e inteligentes. Para ello, están explorando formas de llenarlas con componentes electrónicos más complicados y computación a bordo, mejoras que algún día podrían resultar en enjambres de robots microscópicos que «se arrastran y reestructuran materiales, suturan vasos sanguíneos o se envían en masa para sondear grandes franjas del cerebro humano».
«Controlar un pequeño robot es quizás lo más cercano a encogerse. Creo que máquinas como estas nos llevarán a todo tipo de mundos asombrosos que son demasiado pequeños para ser vistos», señala Marc Miskin, ahora profesor en la Universidad de Pensilvania y autor principal del estudio. No solo eso. El trabajo está apoyado por la Oficina de Investigación del Ejército, así que quizás, como ocurre tantas veces, sus futuras aplicaciones sean aprovechadas primero en el campo militar.
