El Gobierno aprueba estas medidas pese a las críticas del equipo de expertos que lidera la lucha contra la pandemia. «Las decisiones se toman a partir de razones políticas y no por consejo de profesionales», denunció en una discusión en línea con periodistas el doctor Hagai Levine, miembro del equipo que asesora al gobierno, acusando a las autoridades de una «total confusión» en la gestión de la segunda oleada de contagios. Levine advirtió de los riesgos del Yom Kipur porque «acarrea la concentración más grande del mundo en las sinagogas con la bendición del gobierno (…) que envía el mensaje equivocado». Por ello pidió que los centros de culto permanezcan cerrados también durante esta jornada sagrada.
Silenciar las manifestaciones
Netanyahu defendió el cierre total de la economía y sus detractores lo consideraron una estrategia para frenar las manifestaciones que cada semana juntan a miles de personas frente a su residencia para exigir su dimisión. Según el texto aprobado, no más de veinte personas se pueden juntar al aire libre para manifestarse y como mucho a un radio de un kilómetro de sus casas. Después de doce semanas consecutivas de movilizaciones, el confinamiento puede silenciar el movimiento que pide la dimisión del primer ministro por corrupto.
«A causa de las manifestaciones, están empujando a centenares de miles de personas al desempleo y destruyendo la economía», denunció en un comunicado Ayelet Shaked, diputada del partido ultranacionalista Yamina, que asciende día a día en los sondeos debido a los problemas de Netanyahu a la hora de gestionar la pandemia.
