«Será un acuerdo comercial con mucho contenido», dijo Trump. «Hasta ahora estábamos limitados por su relación con la UE, muy limitados en comercio. Creo que podemos hacer tres o cuatro o cinco veces más de lo que estábamos haciendo».
Esta semana, la Casa Blanca confirmaba esas intenciones en un comunicado en el que confirmaba la conversación telefónica entre ambos líderes y su intención de «profundizar y ampliar inmediatamente la relación económica bilateral ante la salida de Reino Unido de la Unión Europea».
«EE.UU. primero»
La forma en la que esa relación evolucione es una incógnita. Trump y Johnson han resaltado su sintonía, se han dedicado elogios –aunque en el pasado, Johnson calificó a Trump de «loco» y «no apto» para el puesto de presidente de EE.UU.– y comparten una inclinación por romper las formas convencionales en política. El presidente de EE.UU. ha calificado a su ahora homólogo como el «Trump británico» y el nuevo primer ministro ha asegurado que en Nueva York le han confundido con el multimillonario. Durante mucho tiempo, Trump ha relanzado a Johnson como un remplazo óptimo para su antecesora, Theresa May, con la que nunca mantuvo una gran relación. «Tiene lo que hay que tener, le han necesitado durante mucho tiempo», dijo.
En los asuntos de fondo, sin embargo, no está claro como la estrategia de «EE.UU. primero» de Trump puede alinearse con los intereses que Johnson defienda para Reino Unido. El acuerdo de desnuclearización de Irán, la guerra comercial con China, la lucha contra el cambio climático en el marco del Acuerdo de París o el compromiso con la OTAN pueden ser motivos de roces entre Londres y Washington.
Trump habló el viernes de la «oportunidad sin parangón» para relanzar las relaciones económicas entre ambos países. Pero después de décadas con Reino Unido en el mercado común, la adaptación no será fácil, y favorecer las importaciones agrícolas o farmacéuticas al mercado británico podría tener un coste político para Johnson.
