Para lograr los éxitos que hoy exhibe con orgullo la banileja Marisol Chalas, primera dominicana y latina en pilotear helicópteros de combate Black Hawk en la Guardia Nacional de Estado Unidos, debió trabajar 48 horas los fines de semana mientras estudiaba en la universidad, a fin de pagar su carrera, revela en entrevista exclusiva para Listín Diario.
Nació en 1982 en un barrio al norte de Baní, en Pueblo Nuevo, justamente en la Luis Marcano, número 23, en una casita humilde, la que recuerda con nostalgia, sobre todo “la mata de almendras que había al frente”, donde majaba con piedras el fruto de este árbol, con sus amiguitas de niñez.
Marisol reside en Washington D.C., y es la mayor de una familia de 6 miembros. Su madre Dulce María Méndez Matos, oriunda de Duvergé, vive en Boston. Su padre Napoleón Chalas, de 74 años, que laboró como chofer de camión en Industrias Banilejas hasta que salió del país en 1979. Desde 1984 trabaja como supervisor del Hotel Hilton, en New York.
Esta joven piloto recuerda también cuando tenía que ir a pie al colegio, cuadernos en mano, cruzar casi todo la ciudad de Baní, en cuyo recorrido pasaba junto a la factoría de café, donde laboraba su padre Napoleón, hasta que decidió irse a Estados Unidos.
A los 7 años, sus padres, antes de partir a los Estados Unidos, la llevaron junto a sus tres hermanas a casa de su abuela materna, al sitio conocido como Mella, en Duvergé, distante a 250 kilómetros al suroeste del país.El día de su cumpleaños, 21 de diciembre, Marisol y sus tres primeras hermanas llegaron a Boston. Ella ingresó al cuarto grado de la primaria.
Cuenta con alegría que el primer año fue bien agradable, pues se hablaba español, estaba con sus hermanas, todos eran hispanos: “teníamos la misma historia; éramos inmigrantes”.
Las cosas empezaron a complicarse cuando pasó a la siguiente escuela, ahí ya no se hablaba español, entonces hubo un par de años difíciles. Narra que entrando en la adolescencia tuvo que aprender el idioma inglés, la cultura estadounidense, hacer nuevas amistades y muchos ajustes.
Terminado su bachillerato, ella y su mejor amiga (aún conservan amistad), decidieron enrolarse en la Guardia Nacional, pero cuando estaban en la estación, Marisol revela que su amiga entró en dudas y se devolvió, “yo decidí seguir y me enrolé como reserva del ejército”. No niega que también dudó frente al nuevo reto, sobre todo porque era algo desconocido para ella; sin embargo, llevaba esa vocación oculta, ya que su padre le confesó años después que él fue militar en República Dominicana en la década de los 70.
Con mucho orgullo revela que dedicaba 48 horas cada fin de semana al trabajo, para pagar su universidad hasta que se graduó de ingeniería marítima de la Academia Marítima de Massachusetts. Al hablar de sus estudios universitarios, expresa que su primer año fue un desastre, con muy bajas calificaciones, lo que la llevó a pararlos durante un año. Luego analizó la situación y se dijo: “si yo fui una muy buena estudiante en la high school, ¿qué es lo estoy pesando?”
Se dio cuenta que era un asunto de poca madurez y falta de disciplina para estudiar bajo esas condiciones. “Así que regresé a mi universidad, asumí el reto, hice los ajustes, los cambios de lugar y vencí las dificultades”. Marisol terminó su carrera universitaria en 1996 con los más altos honores. No entró a la academia de pilotos una vez terminada su carrera universitaria, porque según explica quería trabajar como una persona civil desde su carrera, así rechazó su primera oportunidad para lograr ser la primera mujer dominicana piloto de Black Hawk del ejército estadounidense.
Dos días después de graduase se fue a trabajar a la General Electric, División Nuclear en San José, CA. “Me gradué un sábado, volé a California un domingo y comencé ese lunes como mecánica de reactores nucleares”, explica con alegría.



