Unas horas después de haber presentado el plan para Gaza junto a Benjamín Netanyahu este lunes y sin conocer todavía la respuesta de Hamás, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a pronunciarse sobre la posibilidad de ganar el Nobel de la Paz por su autoproclamado papel en la resolución de conflictos. «¿Recibiré el Premio Nobel? Por supuesto que no. Se lo darán a algún tipo que no ha hecho absolutamente nada. Sería un gran insulto para nuestro país», ha afirmado el presidente estadounidense en la reunión de este martes de altos oficiales militares convocada por el secretario de Defensa, Pete Hegseth. El premio Nobel de la paz constituye una vieja obsesión de Trump, que ha resucitado esta ambición en los últimos meses al presentarse como uno de los grandes pacificadores del mundos. De sí mismo ha llegado a decir que ha logrado poner fin a «siete guerras que parecían inacabables». El líder norteamericano lleva meses postulándose y los invitados a la Casa Blanca le bailan el agua. Uno de los mandatarios que no ha dudado en seguirle el juego ha sido el primer ministro de Israel, que pidió el primio Nobel para Trump en su anterior visita al Despacho Oval en julio. Lo mismo hicieron también los gobernantes de cinco países africanos en un encuentro con el presidente de Estados Unidos que será recordado porque este se maravilló del buen inglés de Joseph Boakai, de Liberia, país fundado en el siglo XIX por esclavos libres estadounidenses y cuyo idioma oficial es el inglés.