En el caso de Chile es interesante que todas las posibles desigualdades se carguen en la cuenta de Piñera, pero ninguna en la de Michelle Bachelet, la presidenta socialista que gobernó ocho años y que, de haber flagrantes desigualdades, alguna responsabilidad tendrá. Pero ella se puede permitir seguir fuera de Chile denunciando al Gobierno de Piñera.
En el caso de Iván Duque, la protesta es todavía más notable. Llevaba quince meses en la Presidencia cuando se le convocó el 21 de noviembre un paro nacional. ¿Cuál es el balance del primer año de Duque? Un dato: redujo la carga impositiva a las empresas y mientras que en 2017 la economía creció un 1,4 por ciento, en los seis primeros meses de Duque creció un 2,75 y la expectativa este año es de un 3,6. Contra ese éxito urge un paro nacional, claro.
México tiene un presidente, Andrés Manuel López Obrador, que es un izquierdista heterodoxo. Muchos se resisten a ubicarlo en ese espectro ideológico, pero lo cierto es que ha tenido el respaldo abrumador de la izquierda mexicana y casi universal. Por algo será. Decía que México iba a crecer anualmente al 4 por ciento, hasta que llegó al poder. Luego Dijo que crecería al 3 por ciento y al final parece que el crecimiento estará en entre 0,2 y un crecimiento negativo de -0,2 por ciento, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México. Apuesto lo que quieran a que no habrá manifestaciones contra AMLO en las calles mexicanas. No toca, que diría Jordi Pujol.
El próximo 1 de marzo tomará posesión como presidente de Uruguay Luis Alberto Lacalle Pou. Aquí también apuesto: la herencia de quince años de Gobiernos de Tabaré Vázquez y Pepe Mújica, el amigo de Manuela Carmena, se la van a cobrar en la calle a Lacalle. Porque la izquierda niega la democracia: si es derrotada impide al vencedor aplicar su programa. Una vez más la mano venezolana, impulsada por la inteligencia cubana y la estrategia rusa hará su trabajo. Es la mano que mece la cuna.
