A través de las 403 páginas de los 24 documentos filtrados por una fuente interna que oculta su identidad por seguridad, se descubre la orden fundacional del presidente Xi Jinping. Tras una visita a Xinjiang en abril de 2014, después de que terroristas uigures apuñalaran a 150 personas en una estación de tren dejando 31 muertos, Xi lanzó una «guerra total contra el separatismo» usando los «órganos de la dictadura» y sin mostrar «absolutamente ninguna piedad», recoge el NYT. Además de aumentar la vigilancia al más puro estilo «Gran Hermano», había que reeducar a los uigures que mostraran su religiosidad, tuvieran familia en “países musulmanes religiosos” o que se hubieran dejado barba.
Con la llegada en 2016 de Chen Quanguo, secretario del Partido Comunista trasladado desde el Tíbet, se endureció este internamiento masivo en campos que, al principio, el régimen negaba, pero fueron descubiertos con imágenes por satélite. Cambiando después su discurso, Pekín aseguró que eran escuelas de formación profesional para atajar las tendencias terroristas que pudieran tener los internos. En los documentos filtrados, los funcionarios son aleccionados para informar a sus familiares, advirtiéndoles de que es «por su bien» y recomendándoles que no se quejaran. Tal y como han contado quienes han estado en dichos campos, que más bien son cárceles de las que no pueden salir en meses o años, son sometidos a un lavado de cerebro y a duros castigos si oponen resistencia.
Sin negar su autenticidad, el portavoz chino de Exteriores, Geng Shuang, criticó ayer la información y destacó el éxito en la prevención del terrorismo en Xinjiang, una vasta región con petróleo y gas y de suma importancia geoestratégica por sus fronteras con Asia Central.