Los semiconductores taiwaneses, en el punto de mira de Pekín

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Esta última crisis de China con Taiwán es mucho más que una cuestión de orgullo nacional. Para el régimen de Pekín, su interés por esta isla no es solo emocional o militar: la unificación de la ‘madre patria’ y abrir su salida al Pacífico, taponada ahora por las bases de Estados Unidos que van desde Corea del Sur hasta Guam pasando por Japón. Existe otro importante factor de peso económico y geoestratégico: el control sobre la industria tecnológica que mueve el mundo . Taiwán es líder indiscutible en la fabricación de semiconductores, los microchips que hacen funcionar los ordenadores, teléfonos móviles, videoconsolas y, en general, todo aparato electrónico, ya sea de uso doméstico o industrial. En esta industria que generó el año pasado casi 100.000 millones de euros , cuatro empresas taiwanesas se reparten el 65 por ciento del pastel. A TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Co.), que es la mayor de ellas y aglutina la mitad de las ventas mundiales, se suman otras como United Microelectronics Corporation (UMC), Powerchip Semiconductor Manufacturing Corp. (PSMC) y Vanguard International Semiconductor Corp. (VIS). Las dos primeras copan una cuota de mercado superior al 60 por ciento, muy por encima de sus más inmediatos rivales: la surcoreana Samsung con el 17, la estadounidense Global Foundries con el 7 y la china SMIC (Shanghai Manufacturing International Corporation) con el 5 por ciento. Además de económico, el liderazgo de Taiwán es técnico, ya que TSMC fabrica los chips más sofisticados del sector junto a Samsung, que son de cuatro nanómetros o menores. Para el régimen chino, hacerse con la potente industria taiwanesa de semiconductores no solo le daría un considerable impulso económico, sino también una posición de ventaja para alcanzar sus aspiraciones como superpotencia tecnológica . En su Plan Quinquenal 2021-26 y el programa ‘Hecho en China 2025’, Pekín se ha fijado como prioridad desarrollar la alta tecnología y, en especial, la industria de los semiconductores para ser independiente hasta en un 70 por ciento. A pesar del salto logrado por la compañía de Shanghái SMIC, la industria china todavía está en los chips en torno a diez nanómetros y le costará varios años ser autónoma. Por ese motivo, tanto Washington como Pekín cortejan a TSMC para que abra plantas de producción en sus respectivos países. Y ese es uno los temores, sobre todo en la Casa Blanca, a que el Ejército chino ocupe la isla y se haga con la gestión de sus fábricas. Pero el propio presidente de TSMC, Mark Liu, uno de los magnates que se reunió con Pelosi en su visita a Taipéi, aseguró hace unos días en la CNN que «nadie puede controlarnos por la fuerza» y advirtió de que sus instalaciones quedarían inoperativas por su «sofisticado proceso de fabricación». Más reacio a colaborar se muestra el fundador de la segunda firma taiwanesa, UMC, Robert Tsao, quien incluso ha donado casi 100 millones de euros a la defensa de la isla y ha llamado a resistir ante el «malvado» Partido Comunista de China. A sus 75 años, y según informa Taiwan News, el magnate ha reaccionado así a las masivas maniobras militares con la que el régimen de Pekín ha bloqueado la isla en represalia por el viaje de Pelosi. Además de por orgullo patrio, China ansía Taiwán por sus chips prodigiosos.