La botánica oculta tras las obras de William Shakespeare

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William Guifoyle (1840-1912) fue un botánico inglés que formó parte de la expedición científica del HMS Challenger que en 1868 viajó alrededor del océano Pacífico. Cinco años después se asentó en Melbourne en donde llegó a dirigir el Real Jardín Botánico . Fue precisamente durante esa etapa cuando comenzó a publicar un total de veinticinco artículos en los que, por orden alfabético –del acónito al tejo- y con una periodicidad mensual, recopiló todas las plantas que aparecen en las obras de William Shakespeare (1564-1616). Un trabajo interesante, al tiempo que útil y relevante, que pone de manifiesto el interés del bardo inglés por la botánica. Jardinero y escritor ‘ El mercader de Venecia ‘, ‘ El sueño de una noche de verano ‘ o ‘ Romeo y Julieta ‘ son solo tres ejemplos de obras en las que William Shakespeare nos legó espacios botánicos entre sus líneas. Allí podemos encontrar amapolas, mandrágoras, margaritas, violetas, rosas… Así por ejemplo, en ‘Romeo y Julieta’ es el cura, fray Lorenzo, el que prepara el brebaje y señala cómo en la flor duermen ocultos la medicina y el veneno, al igual que sucede en el alma humana; en Macbeth las brujas anuncian en voz alta los ingredientes de su conjuro, el cual incluye una « raíz de cicuta de noche arrancada ». Titania, la reina de las hadas de Sueño de una noche de verano, tiene cuatro duendes cuyos nombres recuerdan a remedios caseros y uno de ellos tiene una relación estrecha con la botánica: Grano de Mostaza, Polilla, Telaraña y Flor de Guisante. El conocimiento botánico de Shakespeare procedía de los herbarios que contenían una información detallada de plantas medicinales que fueron recopiladas en las obras clásicas de algunas de las grandes figuras de la Medicina, como Hipócrates, Teofrasto, Dioscórides, Galeno o Avicena. Y es que las terribles epidemias que asolaron la era isabelina y las enfermedades venéreas, aparentemente incurables, obligaban en aquella época a tener un amplio conocimiento de las plantas medicinales. Jardines de Shakespeare Para homenajear su colosal labor botánica algunas ciudades, entre las cuales se encuentran Nueva York, París o Stratford-upon-Avon, han creado espacios verdes temáticos con plantas que aparecen en las obras del poeta inglés y a los cuales se conoce genéricamente como «jardines de Shakespeare». Las especies vegetales suelen aparecer identificadas mediante planchas informativas en las cuales se expone, además, un breve fragmento de la obra en la que aparece inmortalizada. Habitualmente estos jardines no están aislados sino que forman parte de otros mayores. Posiblemente el jardín de Shakespeare que está ubicado dentro de Central Park sea el más visitado del mundo. El jardín neoyorkino tiene una superficie aproximada de hectárea y media, y en su interior, a lo largo de sinuosos caminos, se cultivan desde pensamientos y romeros –que aparecen mencionados en Hamlet- hasta cardos –citados en ‘Mucho ruido y pocas nueces’-. En el pulmón de Manhattan hay, incluso, una morera blanca, que según la leyenda procede de un injerto de un árbol plantado en 1602 por el escritor inglés. MÁS INFORMACIÓN Corea del Sur lanza con éxito su primera misión lunar De Galileo al telescopio espacial James Webb: ¿somos capaces de asimilar la infinitud del universo? No muy lejos de allí está el Jardín botánico de Brooklyn que alberga, a su vez, desde 1925 un jardín de Shakespeare. En él se cultivan más de ochenta plantas que aparecen en los poemas y obras de teatro shakesperianos que hacen las delicias de los amantes de la literatura inglesa y de la botánica. SOBRE EL AUTOR Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.