Rusia retira la bandera polaca de Katyn

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Hay actos simbólicos que humillan a una nación mucho más que un bombardeo y Putin es consciente de que la retirada de la bandera polaca del monumento a las víctimas de Katyn es uno de ellos. El pasado 24 de junio, el alcalde de Smolensk, Andrei Borisov, escribió en su perfil de redes sociales VKontakte que «no debería haber banderas polacas en los monumentos rusos», anunciando al mismo tiempo la retirada de la enseña roja y blanca del memorial de Katyn, en territorio ruso. Borisov informó que el Ministerio de Cultura ruso había tomado la decisión, que fue cumplida pocas horas después. «Creo que el ministerio ha tomado la única decisión correcta: retirar la bandera polaca. Katyn es un monumento ruso, es historia rusa», celebró.

La masacre del bosque de Katyn, una de las mayores matanzas llevadas a cabo por soldados rusos durante la II Guerra Mundial, forma parte de la identidad constitucional de la nación polaca y su monumento constituye un santuario del espíritu nacional.

Precisamente durante una peregrinación oficial en recuerdo de las 22.000 víctimas de aquella matanza, falleció también el presidente polaco y hermano gemelo del hombre fuerte en la sombra del partido ahora en el poder, Lech Kaczynski, que pasó desde entonces a la categoría de héroe nacional. Su muerte tuvo lugar en un misterioso accidente aéreo en 2010, cuando ya a punto de aterrizar se desplomó el Tupolev 154M en el que viajaban, además del presidente de Polonia, la primera dama, el Defensor del Pueblo Janusz Kochanowski, el presidente del Banco Nacional de Polonia Slawomir Skrzypek, el jefe de la Oficina de Seguridad Nacional Aleksander Szczyglo, el jefe de la Fuerza Aérea Polaca teniente general Andrzej Blasik, el comandante de las Fuerzas Terrestres del Ejército mayor general Tadeusz Buk, el jefe del Estado Mayor general Franciszek Gagor, el comandante en jefe de las Fuerzas Especiales general Wlodzinierz Patasinski, el comandante en jefe de la Armada Naval vicealmirante Andrezej Karweta, el rector de la Universidad de Varsovia Ryszard Rumianek y el Cardenal Stefan Wyszynski, además de una larga lista de destacadas figuras judiciales y 17 parlamentarios.

Recuerdo a los caídos en la masacre de 1940

Reuters
Si los polacos víctimas de la matanza rusa de Katyn de 1940 fueron en su mayoría oficiales, políticos e intelectuales a los que la policía secreta rusa NKVD asesinó con un tiro en la nuca y enterró en fosas comunes excavadas previamente por ellos mismos, en 2010 el Estado polaco volvió a quedar descabezado y en el círculo de los Kaczynski siempre se ha culpado a Putin de haber simulado un accidente allí donde lo que sucedió fue un ataque. La retirada de la bandea polaca de tan señalado memorial ha sido recibida ahora en Varsovia como un insulto abierto y una provocación.

La directora del Museo de Historia Rusa Contemporánea, Irina Velikianova, cuya institución mantiene el cementerio militar polaco en Katyn, ha lamentado que «la retirada de las banderas polacas de los cementerios de guerra en Katyn y Mednoye es una represalia por la política de Polonia hacia Rusia». «Las dos banderas, la rusa y la polaca, eran símbolos de amistad entre nuestros países. Lo que está pasando hoy no tiene nada que ver con la amistad», constató ayer apesadumbrada. «Este es otro acto de hostilidad del Kremlin y un elemento de la campaña antipolaca que se ha llevado a cabo durante muchos años», dijo Stanisław Żaryn, portavoz del ministro que coordina los servicios especiales. Según él, las acciones de Rusia son una prueba para los países de la OTAN de su política de confrontación deliberada con los países occidentales. «Un país como Rusia es y seguirá siendo hostil hacia Europa. Este último acto de hostilidad solo confirma este reconocimiento que en Polonia hemos identificado desde hace muchos años», dijo.