Putin decide intensificar su agenda internacional

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Uno de los reproches que desde la oposición se ha hecho contra el presidente Vladímir Putin es que, desde el comienzo de la invasión de Ucrania, no se ha prodigado mucho en compañía de otros líderes internacionales, salvo las llamadas telefónicas de dirigentes como el presidente francés, Emmanuel Macron o el canciller alemán, Olaf Scholz. Y ello mientras su enemigo número uno, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, mantiene prácticamente a diario videoconferencias con medio mundo.

Pero el Kremlin parece haber decidido subsanar esta situación y ha preparado una agenda de viajes, encuentros y conversaciones telefónicas de Putin con los colegas de algunos países. Ayer, sin ir más lejos, el presidente ruso conversó por teléfono con su homólogo brasileño, Jair Bolsonaro, para tratar el problema de la seguridad alimentaria a nivel global, que se ha visto comprometida a causa de la guerra en Ucrania. Según el servicio de prensa de la Presidencia rusa, Rusia ha prometido a Brasil suministrar fertilizantes y fortalecer la «asociación estratégica» entre ambos países.

Hoy martes, Putin saldrá de Rusia por primera vez desde que decidió atacar Ucrania. Su último viaje al extranjero tuvo lugar a comienzos de febrero, cuando acudió a la apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín y fue recibido por Xi Jinping. El viaje que comienza hoy será a Tayikistán, viejo aliado de Rusia, para encontrarse con su homólogo tayiko, Emomali Rajmón, según ha informado el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. Tratarán temas bilaterales y la situación en el vecino Afganistán, algo que preocupa mucho a los tayikos. Putin intentará tranquilizar a Rajmón asegurando que Moscú mantiene actualmente muy buenas relaciones con los talibanes, que enviaron por primera vez una delegación al reciente Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF).

Tras su paso por Dushanbé, la capital de Tayikistán, el miércoles Putin se trasladará a Asjabad (Turkmenistán), en donde le recibirá su joven homólogo turkmeno, Serdar Berdimujamédov, que estuvo en Moscú el pasado 10 de junio. Ambos países han mantenido unas relaciones más bien frías en los últimos años, pero ahora parecen llamadas a mejorar. El fuerte autoritarismo turkmeno parece gustar en Moscú. El actual presidente de Turkmenistán, de 40 años de edad y «elegido» en las pasadas elecciones del 12 de marzo, es el hijo del expresidente del país, el dictador Gurbangulí Berdimujamédov. En Asjabad, Putin participará además en una cumbre de los países ribereños del mar Caspio (Azerbaiyán, Irán, Kazajistán, Rusia, Turkmenistán y Uzbekistán).

Ya de regreso en Rusia, Putin recibirá al presidente indonesio, Joko Widodo, que llegará procedente de Ucrania y ha instado al inicio de conversaciones para parar la guerra. Widodo mantendrá también conversaciones con Zelenski en Kiev. El presidente indonesio, por cierto, invitó ayer al máximo dirigente ruso a acudir a la cumbre del G20, que se celebrará en la isla de Bali entre los días 15 y 16 de noviembre.

El asesor de la Presidencia rusa, Yuri Ushakov, dijo ayer que «recibimos la invitación oficial (…) y respondimos positivamente diciendo que estamos interesados en participar». Preguntado si Putin acudirá de forma presencial a Bali, Ushakov respondió que «aún queda mucho tiempo (…) espero que la pandemia permita que este evento se celebre en persona». Según sus palabras, «valoramos mucho la invitación de Widodo porque los indonesios se han visto sometidos a una fuerte presión por parte de los países occidentales» a causa de la guerra en Ucrania.

El pasado sábado, Putin se reunió en San Petersburgo con el presidente bielorruso, Alexánder Lukashenko, a quien prometió reforzar con cohetes, aviones y hasta cabezas nucleares para hacer frente a un hipotético ataque de la OTAN. La reunión debería haberse celebrado en Bielorrusia, pero se trasladó después a la antigua capital imperial rusa.

De manera que es probable que en breve el presidente ruso termine viajando al país vecino. Antes quiere estar seguro de que Lukashenko le será completamente leal, aceptará su idea de crear un estado unitario, en cuyo caso tendría que enviar sus tropas a luchar también en Ucrania para, en caso de que Kiev sea derrotado, formar una «unión eslava» con Rusia, Bielorrusia y Ucrania. Putin no ha vuelto a ir a Bielorrusia desde el comienzo de la guerra, aunque ha sido Lukashenko el que lo ha hecho a Rusia en varias ocasiones, a Moscú, Sochi y la última vez a San Petersburgo.