Un nuevo análisis del famoso meteorito Allan Hills concluye que no contiene restos de vida marciana

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A mediados de agosto de 1996, el entonces presidente de Estados Unidos Bill Clinton se dirigió a la nación por TV para hacer una declaración inusual: la posibilidad de que los científicos de la NASA hubieran descubierto restos fósiles de antiguos organismos vivos en un meteorito procedente de Marte.

«Vale la pena contemplar -dijo entonces el presidente norteamericano- cómo llegamos a este momento de descubrimiento. Hace más de 4.000 millones de años, este trozo de roca se formó como parte de la corteza original de Marte. Después de miles de millones de años salió de la superficie y comenzó un viaje de 16 millones de años a través del espacio que terminaría aquí en la Tierra. Llegó en una lluvia de meteoritos hace 13.000 años. Y en 1984, un científico estadounidense en una misión anual del gobierno de los EE. UU. para buscar meteoros en la Antártida lo recogió y lo llevó a estudiar. Apropiadamente, fue la primera roca que se recogió ese año: la roca número 84001».

«Hoy -proseguía la declaración-, la roca 84001 nos habla a través de todos esos miles de millones de años y millones de millas. Habla de la posibilidad de la vida. Si se confirma este descubrimiento, será seguramente uno de los más sorprendentes hallazgos sobre nuestro universo que la ciencia haya hecho jamás. Sus implicaciones son tan trascendentales e impresionantes como se pueda imaginar. Aunque promete respuestas a algunas de nuestras preguntas más antiguas, plantea otras aún más fundamentales».

La declaración presidencial, por supuesto, no fue una casualidad. Apenas unos días antes, un equipo de investigadores de la NASA y la Universidad de Stanford, capitaneado por David McKay, había publicado en Science un artículo para anunciar que el meteorito de Alan Hills, designado como ALH84001, podía contener evidencias de vida pasada en el Planeta rojo. El equipo identificó en la roca una serie de estructuras que interpretó como fósiles de organismos similares a bacterias.

La polémica estaba servida. A partir de ese momento, y hasta ahora, el meteorito Allan Hills se ha convertido en la roca más estudiada de todos los tiempos. Y según a quién se pregunte, las respuestas sobre la posibilidad de que realmente contenga restos de alguna forma de vida marciana pueden ser muy diferentes. Se trata, pues, de lo que en ciencia se denomina ‘una cuestión abierta’.

No hay procesos biológicos
Ahora, Un equipo internacional de científicos liderado por Andrew Steele, del Instituto Carnegie y en el que han participado investigadores de instituciones como, entre otras, el Centro Alemán de Investigación de Geociencias, la Universidad Libre de Berlín y los centros espaciales Johnson y Ames, de la NASA, acaba de publicar, de nuevo en Science, un estudio en el que sostiene que las moléculas orgánicas halladas en ALH84001 se sintetizaron durante las interacciones entre el agua y las rocas que ocurrieron en Marte hace más de 4.000 millones de años. Es decir, que no pueden atribuirse a ningún proceso biológico.

«Analizar el origen de los minerales del meteorito -explica Steele, que además es miembro de los equipos científicos de los rovers Curiosity y Perseverance- puede servir como una ventana para revelar tanto los procesos geoquímicos que ocurrieron muy temprano en la historia de la Tierra como el potencial de habitabilidad de Marte».

Normalmente, las moléculas orgánicas contienen carbono e hidrógeno y, a veces, incluyen oxígeno, nitrógeno, azufre y otros elementos. Se trata de compuestos orgánicos que se asocian comúnmente con la vida, aunque también pueden ser creados por procesos no biológicos, conocidos como química orgánica abiótica.

Durante más de veinte años, los científicos han estado debatiendo sobre el origen del carbono orgánico hallado en el interior del meteorito Allan Hills. Por un lado, algunos defienden un origen ‘claramente orgánico’, mientras que otros apuntan a posibilidades que excluyen la vida, como ciertos procesos abióticos relacionados con la actividad volcánica, el impacto de meteoritos o una prolongada interacción con el agua. Otros, por último, han llegado a sugerir que tras su impacto contra la Tierra, se produjo una contaminación de la roca con material biológico de nuestro propio planeta.

Zanjar la polémica
En un intento por poner fin a la polémica, el equipo de Steele utilizó una serie de sofisticadas técnicas tanto para la preparación como para el análisis de las muestras. Técnicas que incluyen imágenes a nanoescala, análisis isotópico y espectroscopía. De este modo, los investigadores encontraron evidencia de interacciones agua-roca similares a las que ocurren en la Tierra.

Las muestras, de hecho, indican que las rocas marcianas experimentaron dos importantes procesos geoquímicos. Uno, llamado serpentinización, ocurre cuando las rocas ígneas ricas en hierro o magnesio interactúan químicamente con el agua en circulación, cambiando su mineralogía y produciendo hidrógeno en el proceso. El otro, llamado carbonización, involucra la interacción entre rocas y agua ligeramente ácida que contiene dióxido de carbono disuelto y da como resultado la formación de minerales de carbonato.

En la investigación no queda claro si estos procesos se produjeron de forma simultánea o secuencial. Pero la evidencia, explican los investigadores, indica que las interacciones entre el agua y las rocas no ocurrieron durante un período prolongado. Sin embargo, lo que el estudio deja muy claro es que las reacciones produjeron material orgánico a partir de la reducción del dióxido de carbono.

Se da la circunstancia de que estas características mineralógicas son raras en los meteoritos marcianos, y aunque se ha demostrado carbonatación y serpentinización en estudios orbitales de Marte y se ha encontrado carbonatación en otros meteoritos marcianos menos antiguos, este es el primer ejemplo de que estos procesos ocurren también en muestras de meteoritos marcianos muy antiguos. Steele ya ha detectado moléculas orgánicas en otros meteoritos marcianos, y a partir de su trabajo con los instrumentos del rover Curiosity ha demostrado que la síntesis abiótica de moléculas orgánicas ha sido parte de la geoquímica marciana durante gran parte de la historia del planeta.

«Este tipo de reacciones geológicas no biológicas -explica Steele- son responsables de un grupo de compuestos orgánicos de carbono a partir de los que la vida podría haber evolucionado y representan una señal de fondo que debe tenerse en cuenta al buscar evidencia de vida pasada en Marte. Además, si estas reacciones ocurrieron en el antiguo Marte, deben haber ocurrido también en la antigua Tierra, y posiblemente podrían explicar los resultados de la luna Encélado de Saturno. Todo lo que se requiere para este tipo de síntesis orgánica es que una salmuera que contenga dióxido de carbono disuelto se filtre a través de las rocas ígneas. La búsqueda de vida en Marte, por lo tanto, no es solo un intento de responder a la pregunta ‘¿estamos solos?’ También se relaciona con lo que sucedió en la Tierra primitiva y aborda la pregunta ‘¿de dónde venimos?’ «