Scheer es, a la vez, joven y viejo en la política. Ha batido récords de juventud desde que fue elegido diputado a los 25 años. Fue presidente de la Cámara de los Comunes -la cámara baja de Canadá- a los 32, el más joven de la historia. Y en 2017, con 38, se puso al frente del partido conservador tras la salida del ex primer ministro Stephen Harper, con quien se le suele comparar.
Si gana las elecciones de este lunes, Scheer se convertiría en el segundo primer ministro más joven de la historia de Canadá, por detrás de Joe Clark, y le quitaría el honor a Trudeau, que lo fue a los 43.
Pero la juventud y la jovialidad no son rasgos distintivos de Scheer, al que se le considera un politico de carrera (solo pasó seis meses por la empresa privada). De hecho, es el candidato en estas elecciones con más experiencia como legislador. En materia política, no hay ninguno más veterano que él.
Durante la campaña, ha tratado de posicionarse como el ‘anti-Trudeau’. Ha atacado con agresividad los escándalos que han lastrado al primer ministro y ha ofrecida propuestas conservadoras, sobre todo en materia fiscal, para convencer al electorado conservador. Sin embargo, la intención de voto de los conservadores apenas se ha movido en el último año, a pesar de los problemas de Trudeau. Si el actual primer ministro y Scheer llegan muy igualados a la cita electoral es por los votos que ha perdido Trudeau, más que por los que ha ganado el líder conservador.
Quizá alguien con carisma, garra y atractivo -cualidades que no tiene Scheer- hubiera sacado más partido del mal momento de Trudeau. Tampoco ha ayudado que Scheer hubiera ocultado durante años que tiene la doble nacionalidad con EE.UU., donde nació su padre. El líder conservador ha asegurado que está en el proceso de renunciar a la ciudadanía estadounidense.
