«La presencia de las bombas nucleares B61 en la base aérea de İncirlik, que las fuerzas aéreas de EE.UU. comparten con Turquía, está complicando los cálculos de Washington», informa «The Guardian».
Hace días, el periódico estadounidense «The New York Times» afirmaba que esas bombas nucleares se han convertido en las «rehenes» de Erdogan, motivo por el que se estaba planteando su traslado de esa base a otro lugar más cómodo. Ese cambio de ubicación, indicaba el mismo medio, supondría «el final de la alianza Turquía-EE.UU.».
La base de Incirlik, que Washington utiliza desde la Guerra Fría y donde viven unos 2.500 militares americanos, fue esencial en la lucha contra Daesh y sirve de punta de lanza para las operaciones militares estadounidenses en toda la región, informa AFP.
A pesar de ese escollo, el secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, afirmó ayer a través de un comunicado: «El presidente Donald Trump ha firmado una orden ejecutiva para presionar a Turquía
para detener su ofensiva militar contra el nordeste de Siria y adoptar un alto el fuego inmediato».
