Emma Coronel Aispuro, esposa de esta versión de topo humano, capaz de huir por túneles de varias prisiones, una y otra vez, asistió a todas las sesiones del juicio contra su esposo. 32 años más joven que él (de 62), lleva el ADN de la familia del narcotráfico en las venas. Sobrina del difunto Ignacio Coronel, lugarteniente de su marido, sabía bien con quién se casaba cuando lo hizo. También que, con esta condena, salvo milagro, no volverá a ver al padre de sus hijas gemelas. Las niñas, nacidas en Los Ángeles, son las únicas que tendrán permiso de visita, una vez al mes, al preso que, según los americanos, acumuló una fortuna de más de doce mil millones de dólares. Con apenas siete años serán ellas la conexión de su padre con el resto de la familia y el mundo. A excepción, naturalmente, de su abogada, Mariel Colón. Figura importante del equipo legal del Chapo, ésta fue la única con privilegio para visitarle en la prisión Metropolitan Correctional Center (MCC) donde el ahora ex cabecilla del cartel de Sinaola, permaneció los últimos 30 meses. Colón, salvo contra orden, mantendrá en exclusiva la rutina de la defensa de visitas en la cárcel de Florence ADMAX, más conocida como la Alcatraz de las Rocosas.
Emma Coronel, la última mujer de Joaquín Guzmán, además de guapa oficial y reina del café en su pueblo, es una celebridad en Instagram. Sin miedo a hablar más de la cuenta (hay miles de millones de dólares en juego), opina y responde tranquila desde Venecia, donde pasa unas vacaciones. A preguntas de un seguidor por la posibilidad de divorciarse del Chapo, al no poder volver a verle, respondió: «no se va a librar tan fácil de mi». Normal.
