Los talibanes ya dejaron entrever su malestar durante el fin de semana y finalmente se retiraron de la mesa de diálogo en la que trabajaban con los enviados elegidos por el Gobierno de Kabul. Matin Bek, negociador gubernamental, lamentó la decisión e informó que el motivo principal de la ruptura fue la exigencia talibán de incluir en el listado de liberados a 15 altos mandos implicados en «algunos de los ataques más violentos de los últimos años«. En declaraciones realizadas al canal Tolo, Bek aseguró que «estamos listos para liberar a 400 en la primera fase. Son los talibanes los que no quieren esto».
Entre los detalles filtrados a lo largo de esta semana de encuentros, salió a la luz la oferta de Kabul de dar prioridad a la excarcelación de cien insurgentes «enfermos y de edad superior a los 50 años». La otra parte, habría accedido a entregar a cambio a 20 miembros de las fuerzas de seguridad. Era un primer paso para intentar ganar confianza, pero no se consolidó y los talibanes volvieron a remitirse al documento de Doha para pedir la salida de 5.000 de sus hombres de las cárceles del país.
Desde la firma de Doha no se ha producido un solo ataque contra el Ejército de Estados Unidos, pero los insurgentes no han detenido sus operaciones contra las fuerzas afganas. La ausencia de ataques talibanes forma parte de la hoja de ruta acordada en Qatar para la retirada de las fuerzas internacionales del país después de 19 años de guerra. Los primeros 5.400 hombres, del total de 14.000 que tiene desplegados Estados Unidos, deberían abandonar territorio afgano en 135 días y la retirada completa de las tropas internacionales se produciría un plazo de catorce meses, según un texto que los talibanes celebraron como una «victoria». El coronavirus ha ralentizado esta retirada, pero los planes de Donald Trump pasan por cerrar este capítulo a pesar del pulso abierto entre los afganos.
